Parte II
- j) Deuda pública internacional e interna. El gobierno tiene que pagar la deuda pública (pago de intereses y amortización del capital). Pagar las deudas a los gobiernos extranjeros o bancos privados internacionales significa un gasto. A nivel interno, lo mismo, porque debe cubrir los gastos militares, los gastos en salud, y otros que, al final, generan un mayor endeudamiento. La deuda pública internacional y la interna desembocan en un mayor gasto.
- k) Gastos en educación sin resultados. Si bien la educación es una tarea primordial del Estado, Bolivia es el país que invierte más en educación 7,5 % del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que Chile (4,91 %), Perú (4,6 %), Colombia (3,92 %), Ecuador (3,61 %) y Paraguay (3,4 %). Sin embargo, los resultados de aprendizaje en Bolivia se ubican entre los más bajos de la región, es decir, por debajo de Chile, Perú, Colombia y Ecuador. Como conclusión podemos señalar que, el gasto en educación repercute en el balance económico, en un mayor gasto para el Estado, pero con un pésimo resultado.
¿Qué dicen los economistas respecto al déficit fiscal?
Hay una corriente de estudiosos de la economía que señalan que un déficit fiscal es bueno cuando la economía está en crisis, para crear: 1) mayor empleo, 2) mayores recursos para el consumo y 3) para la inversión. Esta propuesta, de inyectar mayores recursos económicos a la economía, está sustentada en el pensamiento de J. M. Keynes, quien señalaba que en la economía donde ha caído la demanda efectiva es necesario inyectar mayores recursos económicos para lograr un pleno empleo que elevaría la demanda efectiva; además, que es necesario una mayor inversión pública para salvar la economía en general; sin embargo, esta política económica, al final ha llevado a un déficit fiscal.
Por otro lado, el pensamiento de la CEPAL (Consejo Económico para America Latina y el Caribe), a la cabeza de Raúl Prebisch señalaba que el déficit fiscal es una consecuencia de la 1) dependencia económica en el que están sometidos los países como Bolivia, 2) por tener un bajo grado de industrialización de sus recursos naturales (bajo valor agregado), 3) fuerte dependencia tecnológica, que no permite el desarrollo económico del país y la consecuencia es exportar sus recursos naturales en forma de materia prima sin ninguna transformación y a precios ínfimos, 4) deterioro de los términos de intercambio.
El deterioro de los términos de intercambio significa que la relación de los precios de las exportaciones es cada vez más baja en relación a los precios de las importaciones. Es decir que los precios de los productos importados son más altos. En este sentido, Bolivia exporta materia prima que casi no tiene un valor significativo respecto al valor de las importaciones. Por tanto, Bolivia, en el tiempo, tiene que exportar mayores volúmenes de materia prima para obtener el mismo volumen de importaciones. El resultado es un deterioro de los términos de intercambio, ocasionado un mayor gasto para el Estado, que se transforma en un mayor déficit fiscal.
Las escuelas económicas neoclásicas (Escuela económica de Cambridge, Chicago y de Austria) consideran que, un déficit fiscal, prolongado en el tiempo, lleva a una inflación y ésta (inflación) ocasiona un cambio en los precios de los bienes y productos, distorsionando el mercado monetario y, por consiguiente, deforman la economía en general.
Esta escuela económica neoclásica considera que el déficit fiscal conlleva a un endeudamiento de la economía; además, un déficit fiscal crónico es un detonante que genera ciclos económicos que a menudo terminan en graves crisis o en un desastre económico.
Conclusiones
Considerando los puntos que han sido expuestos, el gobierno boliviano no debe seguir manteniendo un déficit del 9 % respecto al PIB (PIB = a 81 mil millones de dólares americanos, proyectado para el 2026). En consecuencia, el gobierno actual tiene hoy la oportunidad para imponer una revolución económica para sanear la economía y salir de esta crisis social y económica.
Primero.- Reducir, en los siguientes 5 años, el déficit fiscal al 3 %, respecto al PIB, mantener y minimizar este déficit para que al final del quinto año legar a cero el déficit fiscal.
Segundo.- Reducir al 50 % el número de empleados públicos, en el nivel central y departamental en el tiempo de los 5 años.
Tercero.- Reducir a 8 el número de ministerios para administrar el Estado y con solo el 20 % de los recursos del Presupuesto General del Estado (PGE).
Cuarto.- El gobierno central debe dedicarse solo a gobernar y administrar el Estado.
Quinto.- Los proyectos (pequeños, medianos y/o grandes) a nivel regional deben ser responsabilidad de los gobiernos municipales y/o los gobiernos departamentales, en coordinación con las empresas privadas nacionales y/o internacionales, descentralizando el 80 % de los recursos financieros del PGE.
Sexto.- Dar plena autonomía económica a los gobiernos municipales y departamentales para que puedan firmar convenios, contratos o concesiones, a nivel nacional o internacional con el fin de aprovechar los recursos naturales existentes en sus municipios o departamentos, sin que esto signifique endeudamiento ni perder soberanía. Si los proyectos son de carácter internacional, estos deben ser de conocimiento del Estado.
Séptimo.- Ampliar la base tributaria a un 50 % de la población económicamente activa en los siguientes 5 años
Octavo.- La inversión en educación, salud, caminos, saneamiento básico, agua potable deben estar a cargo y ser responsabilidad de cada municipio y departamento.
Noveno.- La educación debe estar muy relacionada a las necesidades de formación educativa de cada niño y joven de cada municipio, mientras que las universidades deben coadyuvar en el desarrollo tecnológico y científico, por medio de la investigación científica. Y todo bachiller debe tener el conocimiento y dominio del idioma inglés.
Décimo.- Los ex administradores y ex autoridades, que permitieron funcionar las actuales empresas deficitarias, deben asumir la responsabilidad económica, devolviendo los recursos económicos y financieros, por permitir funcionar estas empresas, sabiendo que tenían un final desastroso y por no haber realizado una evaluación técnica, económica y/o financiera, antes de poner en funcionamiento el proyecto.
Décimo primero.- Evaluar constantemente los gastos en salud, educación, gastos militares, policiales y reorientar la política social de desarrollo económico a corto, mediano y a largo plazo con el fin de mejorar o elevar el actual nivel social y económico de los bolivianos.
Décimo segundo.- Finalmente elaborar una ESTRATEGIA DE DESARROLLO NACIONAL. Es necesaria una planificación rigurosa de la economía, cada proyecto, cada plan regional o departamental debe ejecutarse con velocidad y contundencia. En esta acción deben participar todos los hombres y mujeres, instituciones sociales y económicas para enfrentar este desafío y salir de la crisis social y económica en la que nos encontramos.
EL autor es economista, investigador, analista y experto en las aguas del Silala y litio.
