Por Elena Sanz, psicóloga
De un día para otro, esa persona encantadora y atenta se ha convertido en alguien exigente y desagradable. ¿Qué ha ocurrido? Conoce la manipulación emocional invisible.
Cuando observamos desde afuera las relaciones de los demás nos resulta sencillo identificar si una está utilizando artimañas para manejar a la otra. No obstante, desde adentro del vínculo, la manipulación emocional invisible no siempre es tan fácil de detectar.
La manipulación es un proceso de dos fases que comienza de manera invisible. Nadie establecería una relación de ningún tipo con alguien que, desde el primer momento, le insulta, le humilla o le genera malestar. El manipulador va tejiendo una tela de araña en la que envuelve a la víctima y no es hasta que la tiene atrapada que muestra su verdadero rostro.
Hay que tener en cuenta que no toda manipulación se realiza de forma consciente y deliberada. Algunas personas, debido a sus propias carencias, sienten la necesidad de asegurar la lealtad y la dependencia del otro hacia ellos. Para lograrlo realizan, de forma inconsciente, ciertas acciones manipulativas. Estas conductas pueden venir desde la infancia, donde se desarrollaron como mecanismo de defensa, y aún siguen vigentes.
Muchas veces el manipulador no tiene conciencia de que lo es. Se trata de personas egoístas que persiguen un único fin: lograr sus propósitos, paliar sus miedos, llenar sus carencias utilizando para ello a otras personas. Evidentemente esto en absoluto justifica sus actos ni les resta gravedad, el daño psicológico que puede causar en la contraparte es abrumador.
Por otro lado, las carencias de la víctima y su propia historia personal también la vuelven más vulnerable a este tipo de relaciones de manipulación. Una baja autoestima y una incapacidad de poner límites nos coloca en una peligrosa posición en la que, sin darnos cuenta, podemos terminar cayendo en una dependencia emocional.
Las fases de la manipulación emocional invisible
Captación
En un primer momento el manipulador se acerca a la víctima desplegando todos sus encantos y cualidades. Únicamente muestra sus virtudes y sus logros, con el fin de que la otra persona lo perciba como exitoso y se genere un sentimiento de admiración. Además, comienza a estudiar el perfil psicológico del otro, a detectar sus puntos débiles para ofrecer un apoyo incondicional en los mismos.
Se muestra atento y servicial, halaga a la víctima y le ofrece refuerzo constante. De una forma gradual y casi indetectable, se va volviendo indispensable para ella. Se establece una relación desequilibrada en la que el primero se muestra como un individuo admirable y lleno de virtudes que aparece para salvar al segundo de sus dificultades.
Sin percatarse, la autoestima y la independencia emocional de la víctima van disminuyendo a medida que la admiración y la necesidad por el manipulador aumentan. Han caído en las redes.
Cambio de roles
En esta segunda fase el manipulador se siente seguro de la necesidad y la dependencia que ha generado en el otro, por lo que comienza a mostrar sus verdaderas intenciones. Si antes se mostraba como alguien feliz y exitoso, de pronto se convierte en una persona negativa y problemática que requiere constante atención y apoyo.
Manipulador oculto
Comienza a inundar a la otra persona con sus dificultades personales, exigencias y requerimientos. El chantaje emocional, la culpabilidad y las amenazas son algunas de las estrategias más comúnmente empleadas. Al mismo tiempo, los niveles de apoyo y cariño profesados a la víctima disminuyen al mínimo y esta empieza a sentir un gran malestar en la interacción.
