En medio de una crisis económica y social que golpea directamente a las familias bolivianas debido a los bloqueos protagonizados por seguidores de Evo Morales, sectores ciudadanos cuestionan los pedidos de las denominadas organizaciones sociales y de la Central Obrera Boliviana (COB) para que el Gobierno les conceda el manejo de ministerios del Estado, al considerar que esas pretensiones no responden a una necesidad nacional, sino a intereses sectoriales que buscan conservar espacios de poder, influencia política y prebendas, como en anteriores gestiones del Movimiento al Socialismo (MAS).
El rechazo ciudadano apunta a una idea central: los ministerios no son propiedad de sindicatos, dirigencias ni organizaciones corporativas. Son entidades públicas que deben administrar políticas de Estado en beneficio de toda la población y no funcionar como espacios de reparto político para grupos que, durante 20 años, tuvieron influencia directa o indirecta en la administración pública.
La presión de estos sectores resulta cuestionada con mayor fuerza porque el propio Gobierno denunció haber encontrado un aparato estatal deteriorado por prácticas irregulares.
En ese contexto, insistir en que organizaciones sociales o la COB controlen ministerios aparece, para amplios sectores de la ciudadanía, como un despropósito. La población observa que el país no necesita más cuotas de poder, sino instituciones transparentes, técnicas y sometidas a control público. Volver a entregar espacios estatales a grupos de presión sería repetir una lógica que debilitó la institucionalidad y favoreció el clientelismo.
La crítica se profundiza por los antecedentes de la relación entre dirigencias sindicales, organizaciones sociales y anteriores gobiernos.
El malestar social también se explica por la situación económica que atraviesa el país. Bolivia ingresó en una cuarta semana de protestas y bloqueos, con problemas de abastecimiento de alimentos, combustible y medicamentos en ciudades como La Paz y El Alto. En ese escenario, el ciudadano común soporta el costo de la crisis mientras grupos organizados presionan por mantener influencia en el Estado.
Desde esa perspectiva, los pedidos de controlar ministerios no tienen razón lógica de ser. No resuelven la escasez, no bajan los precios, no garantizan abastecimiento ni mejoran la administración pública. Por el contrario, abren el riesgo de reinstalar un sistema de favores, cargos y privilegios que ya fue señalado como parte del deterioro estatal.
La administración pública debe responder a criterios de capacidad, transparencia, eficiencia y servicio ciudadano. Los ministerios no pueden convertirse nuevamente en oficinas de negociación política ni en espacios para pagar lealtades dirigenciales. La ciudadanía reclama que el Estado deje de funcionar como botín y que sus instituciones atiendan las necesidades reales del país.
Unánime rechazo a hacer de ministerios cuotas sectoriales
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