La industrialización fue parte de una política económica adoptada por varios países europeos, generalmente para desarrollar fábricas de armas. Sin embargo, en casi todos los casos esa iniciativa debió ser suspendida por muchas causas, en particular porque hacía una competencia inoportuna a la industria privada y, en especial, debido a que no trajo mejoría ni cambio. Inclusive el trato a los obreros era peor que el que se daba a los del sector privado.
La industrialización estatal, fue adoptada por la Unión Soviética, con la esperanza de poner a salvo al socialismo que se derrumbaba. Pese a todo, ese proceso industrial terminó en fracaso y fue expulsada por el comunismo, pese a que estaba aportando al país nuevas tecnologías y técnicas administrativas. Años después la industrialización estatal fue denominada “capitalismo de Estado” y aplicada por países de varios continentes, con la idea peregrina de que la industrialización iba a traer gran progreso.
Esa industrialización estatal llegó también a Bolivia después de la Guerra del Chaco y fue aplicada con la anulación de concesiones para explotar yacimientos de petróleo, a la que siguió la nacionalización de minas de estaño, las cuales fueron puestas bajo administración de YPFB y Comibol, respectivamente.
A partir de 1952, fueron instaladas en Bolivia algunas fábricas estatales con relativo éxito, pero desde 1964, gobiernos restauradores, desarrollaron una intensa política de industrialización masiva, más con la idea demagógica de lograr progreso sin límites.
Derrocado el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, vino el régimen restaurador de René Barrientos, quien inició la campaña de la industrialización por el Estado y que la siguieron otros gobiernos con nuevos ofrecimientos, excepto el de Gonzalo Sánchez de Lozada que, por el contrario, propuso vender empresas estatales. Bolivia quedó, entonces, sin industrias, excepto algunas privadas, pero con la promesa de grandes inversiones privadas para crear industrias.
Desde entonces, abundaron las ofertas industriales para enriquecer al país. Y los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce llegaron a poner en actividad 617 empresas estatales de todo tipo, con un costo millonario, de las cuales muchas son deficitarias. Por esa política de industrializar al país, con la instalación de las empresas estatales, todos los medios de producción pasan a manos del Estado. De esa forma, las empresas estatales eran para los gobiernos del MAS el camino a la socialización del país.
Sin embargo, ese socialismo terminaría en el fracaso absoluto, como sucedió en Cuba y Venezuela, donde se observa quiebra económica. Ese método comenzó a ser aplicado en Bolivia en 2006 con el gobierno del cocalero Morales Ayma, Los gobiernos masistas lanzaron durante veinte años grandes campañas para “industrializar al país” y gastaron para ello miles de millones de dólares. Pero casi todas las empresas estatales fracasaron y dejaron al país en quiebra, por lo que no justifican su existencia.
