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País competitivo

Severo Cruz Selaez

Los tiempos nos exigen innovación de mentalidad y actitud política, en armonía con las ideas e inquietudes, que se renuevan permanentemente en el mundo. No podemos seguir desconectados de tales manifestaciones. Valdría la pena involucrarnos con ellas para responder a retos, logrando transformación. Ante los requerimientos de una coyuntura tan crucial. Tomando en cuenta que la experiencia del pasado inmediato, no fue constructiva ni fructífera. La prueba más contundente, al respecto, es la situación desastrosa que nos legaron gobiernos de turno.
Un país competitivo, a la altura de la historia, no surge por arte de magia, ni se logra con discursos demagógicos. Ni con poses extremistas, menos con “bloqueo” de caminos. Se alcanzará con esfuerzo, entendimiento y una decisión patriótica. Construcción que requerirá la presencia de inversionistas nacionales y extranjeros. Tema que disgusta a ciertos elementos. Posiblemente surjan alusiones de entreguistas u otros adjetivos. Pero que aquello es una realidad incuestionable. Se confrontará, en esa perspectiva, situaciones complejas. Habrá, como siempre, amigos que respalden la iniciativa.
También gratuitos detractores, que impulsen campañas en contra. El objetivo es que el país se constituya en uno de los referentes de la región. Un país con capacidad de competir con otros. Un país fuerte y progresista, de cara al futuro. Lo edificarán los hombres, quizá la obra no resulte perfecta. Pero será perfectible y no lo trabajarán “enviados” del mundo celestial, sino seres de carne y hueso.
Construyamos un país competitivo, con pautas del desarrollo sostenible. Estrategia que, ante el fracaso del desarrollo económico, promueve el desarrollo integral, priorizando no solo aspectos económicos, sino sociales y ecológicos.
“El desarrollo sostenible es un modelo de crecimiento que busca satisfacer las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, señalan al respecto.
Resguardando los recursos naturales, a favor de nuestros hijos. Y no acabarlos, alegremente, como se hizo con los recursos gasíferos, cuyo auge contribuyó a generar la bonanza económica. Situación que fue calificada como “el milagro boliviano”. Misma que fue despilfarrada, por quienes pretendían perpetuarse en el Poder. Que no pensaron en las futuras generaciones y, por lo tanto, “echaron la casa por la ventana”. Recordemos que la producción de gas natural alcanzó los 60 millones de metros cúbicos día en 2014. Ahora, frente al agotamiento de ese producto, nos veremos ante la necesidad de importarlo, del mercado más cercano, para el consumo interno. Por el auge gasífero, asimismo, ingresaron a las arcas fiscales 6.000 millones de dólares en 2014. Hoy Bolivia ha tocado fondo, en materia económica. Vive golpeada por una profunda crisis económica.
En suma: es imperioso actualizarnos, acopiando nuevas ideas e inquietudes, para lograr el engrandecimiento nacional, con desarrollo sostenible.

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