Otrora se hablaba mucho de “don dinero”, porque quien lo tenía, lo podía casi todo, en tanto que quienes carecían del mismo poco podían hacer, lo que hasta ahora no ha cambiado. En este tiempo las cosas han cambiado y en Bolivia se puede hablar de “don bloqueo”, por lo que sucede. Pero es menester explicar que “don” es un término que implica trato de cortesía y respeto, antepuesto al nombre de pila, o como sustantivo para referirse a habilidad o talento especial. Históricamente diferenciaba a la nobleza, de los plebeyos, en España y sus colonias.
En el caso presente, “don bloqueo” no refleja “habilidad o talento especial”, sino un accionar al parecer a cargo de gente ya “especializada” en ello, quedando claro que se trata de un censurable proceder, por todo lo perjudicial que representa. ¿Hay bloqueos?, nos preguntamos hoy al salir del hogar, para saber si las vías públicas están expeditas o libres de abusivos “maestros del volante”, que las cierran con sus “instrumentos de trabajo”, es decir, motorizados que sirven para atormentar a paceños y no paceños, mientras ellos se mofan, sin que les importe que los demás pierdan su tiempo, dinero, puestos de trabajo, la cita médica, o cualquier otra actividad urgente.
Ya se dijo que pueden parar el tiempo que quieran, pues es su negocio, es transporte privado, quedando claro que de servicio público son, por ejemplo, los PumaKatari, ya que dependen del municipio. Entonces nadie puede obligarlos a trabajar, pero no son dueños de las vías públicas y no tienen por qué bloquearlas, lo que es un delito que nadie sanciona hasta ahora, dando la impresión de que no hay autoridad que haga respetar la ley. Por ello se trata de bloqueos abusivos, por intereses personales y de grupo, que atentan contra la colectividad de una ciudad.
Lo mismo viene acaeciendo en caminos y carreteras del país, donde bloqueadores hasta cobran peaje para dejar pasar, so pena de ser apedreado el vehículo, sin que les importe que los pasajeros sean personas de la tercera edad, enfermos, turistas extranjeros, lo que convierte esa medida en criminal. Recordemos lo que pasó hace unos años, cuando no dejaban pasar ni ambulancias, al igual que el vital oxígeno, medicamentos y otros para los pacientes de hospitales, como un señor mayor que imploró: “por favor, dejen pasar el oxígeno”, y nadie le hizo caso, falleciendo el mismo por la falta de ese esencial insumo. Por otra parte, los conflictos de estos días alentaron a los especuladores, quienes hicieron subir los precios de muchos productos, al margen de la escasez de carne de pollo.
Entonces, el criminal “don bloqueo”, “el general rumor”, “doña especulación”, y “doña incertidumbre”, comenzaron nuevamente a hacer presa de la salud de los habitantes de La Paz y el país, apoderándose de todos el estrés y la ansiedad. Dios quiera que la sensatez pueda primar para la tranquilidad de los bolivianos.
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