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Concertación nacional

Severo Cruz Selaez

En democracia todos tienen la libertad de exponer sus ideas. Los ciudadanos pueden coincidir o disentir políticamente. Tienen la vía expedita. Unos pueden hablar desde la izquierda, otros desde la derecha o desde el centro. De acuerdo a su preferencia. De ahí que se escucha, inclusive, planteamientos descabellados. Es un sistema que propicia el pluralismo político. Que se manifiesta enarbolando la libertad. Que vale la pena practicarlo, pese a sus falencias, obviamente.
En ese marco, ciertas voces pidieron la renuncia del presidente Paz, pero no representan al conjunto del pueblo boliviano. Son actitudes aisladas en el tablero político. Él simboliza la decisión de las urnas nacionales. Argumentan que, en cinco meses, no habría solucionado los problemas, que se agudizaron en los últimos veinte años. Quizá le haya faltado agallas para asumir medidas radicales, pero veremos cómo se conduce más adelante. Aún le falta un largo trecho que caminar, posiblemente con avances y retrocesos. La oposición nunca duerme para socavar a sus adversarios. Tiene ese derecho. Participa dentro de la cancha rayada por la democracia. Mientras los agitadores, que ofrecen el cielo en la tierra, aprovechan la confusión y la convulsión, para distorsionar la realidad del país y lograr réditos a su favor. “En rio revuelto, ganancia de pescadores”, señala el refrán.
Pero, si Paz se fuera, ¿quién sería el sucesor? ¿Un “salvador”, de marras? ¿Un “salvador” que acabaría con el “monstruo”, del desabastecimiento de combustibles? ¿O tendría que irse también de inmediato? Tal vez surgiría munido de una varita mágica, para revertir de inmediato el desastre nacional. Para solucionar con rapidez, el tema de la gasolina “basura”. Para abaratar el elevado, costo de la canasta familiar. Para propiciar lluvia de dólares, como en épocas del auge gasífero. Para restituir el poder adquisitivo a sueldos y salarios. Asimismo, a las irrisorias rentas de los jubilados. Para que se multiplique el empleo, en un cerrar y abrir de ojos. ¿Y tendría la capacidad para lograr consensos? ¿O el remedio sería peor que la enfermedad? Vaya a saber uno.
Se impone la democracia, que nos permite intercambiar ideas, deponiendo colores políticos y mezquindades personales. En consecuencia, deberíamos promover la concertación nacional, no para salvar al Ejecutivo, sino para salvar a Bolivia de su desgracia. Hagámoslo con la fe puesta en el futuro y como un reto para reconstruir la Patria. Pensando en mejores días, para quienes vienen detrás de nosotros. Con la participación de todos los actores políticos, sociales y económicos.
Con unidad nacional logramos la restitución del sistema democrático. Y con unidad nacional deberíamos resolver los problemas nacionales más apremiantes. Que nadie se niegue a contribuir con sus inquietudes, en esta hora decisiva para Bolivia. Estamos con ella o estamos contra ella. Definámonos, de una vez.
En suma: ojalá le vaya bien a nuestra Bolivia.

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