Mientras hace sus compras de rutina en un supermercado de Montevideo, Alicia Gereda comenta que los precios se volvieron previsibles desde hace un tiempo.
“Sé que no me voy a encontrar con sorpresas”, sostiene esa docente de 58 años. “Si mantengo lo que compro día a día, sé cuánto voy a gastar”.
El cambio al que se refiere es histórico: Uruguay tuvo en marzo una inflación interanual de 2,94%, según datos oficiales, su registro más bajo en 70 años.
El fenómeno fue impulsado el mes pasado, en particular, por una baja en los precios de frutas y verduras.
Pero hay otros factores que llevaron además al sector privado a moderar las proyecciones de alza de precios a futuro, en sintonía con las metas de la autoridad monetaria uruguaya, pese al incierto escenario internacional y la suba del valor del petróleo.
“Lo más importante de lo que se logró no es quizás la baja de inflación en sí misma, sino de las expectativas de inflación: eso es realmente gigante”, señaló el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), Guillermo Tolosa, a BBC Mundo.
El fenómeno puede beneficiar a personas como Gereda, cuyo poder adquisitivo se ve blindado, y a empresas que pagan menos por créditos que toman para crecer o contratar trabajadores.
La inflación uruguaya cayó, incluso debajo del mínimo previsto oficialmente y eso también plantea retos inusuales.
“INGREDIENTE
ESENCIAL”
Uruguay, como otros países de América Latina, tiene una larga historia de inflación alta: promedia 29,4% desde 1938, según el sitio web Trading Economics.
En 1990, el índice de precios al consumo en el país llegó a 129% y, si bien luego bajó a un dígito, tuvo repuntes ocasionales: en 2002 superó el 25% en medio de una crisis bancaria y en 2022 pasó el 8%, encima del rango meta previsto por las autoridades.
Con esos antecedentes, analistas, mercados y empresas solían esperar hasta hace poco que la inflación en Uruguay superase las proyecciones del Banco Central.
Tolosa asumió la presidencia de la institución en marzo de 2025, resuelto a cambiar las cosas como un economista apartidista, proveniente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y designado por el gobierno izquierdista de Yamandú Orsi.
“El Banco Central por primera vez es permitido de operar de forma independiente, con su presidente sin afiliación política y sin interferencia pública ni privada en la toma de decisiones”, sostiene.
“La experiencia internacional pasada y presente”, agrega, “demuestra que esto es un ingrediente esencial para los resultados”.
Su primer anuncio fue que buscaría que la inflación convergiera con una meta de 4,5% anual. Poco después, el Banco Central aumentó la tasa de interés en procura de lograrlo.
Claro que Uruguay reúne otras condiciones clave para volver creíble ese objetivo, como un superávit comercial alto para países emergentes, un nivel récord de reservas del Banco Central y la prima de riesgo soberana más baja de América Latina. (BBC)
Cómo Uruguay logra mantener inflación más baja en 70 años
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