InicioSeccionesOpiniónLa corruptela es de la “clase política”, ¡no de nosotros!

La corruptela es de la “clase política”, ¡no de nosotros!

Rolando Barral Zegarra

“Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. Joan Baez.

“Bolivia es el país más corrupto de la región y el segundo a nivel mundial”. De 142 países evaluados, Bolivia ocupa el puesto 141, difundido según el Proyecto de Justicia Mundial (World Justicie Proyect), organización internacional independiente dedicada a promover el Estado de Derecho globalmente; el dato corresponde al año 2025.
Otra noticia que sorprende, es que 181 partidos y organizaciones terciarán en las elecciones subnacionales de marzo de 2026. ¿Significa que hacer política en Bolivia es una forma de vida o, mejor dicho, una forma de enriquecimiento ilícito? Se es claro y contundente: no es la sociedad boliviana la corrupta, es sin duda la “clase política” que viene gobernando el país, tan rico en recursos naturales y tan pobre en la gestión de los mismos.
¿No es notorio que, por esas malas artimañas, el ex mandatario pase de “presidente a presidiario”? Como dice el saber popular: “donde se pone el dedo sale pus”. Otro mal ejemplo de corrupción es el “Fondo Indígena” que deja dos lecciones: uno, que el denunciante Marco Antonio Aramayo tuvo 256 procesos judiciales y fue privado de libertad siete años en la cárcel hasta la muerte. La ciudadanía lo recuerda como héroe de la lucha contra la corrupción; dos, muchos indígenas depositaron en sus cuentas bancarias personales, dinero del erario público, y eso se constituye como prueba del delito. A esto se suma la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA), donde se desfalcó y fue tipificado como daño económico al Estado. La lista de la corrupción es extensa. Los anteriores casos, contradicen la idea sobreideologizada y grotesca de que esos indígenas eran la última reserva moral de la humanidad.
El problema de la corrupción es estructural y coyuntural, opera y acciona en el sistema, las instituciones y a nivel micro. Es decir, el que robó una garrafa de gas es considerado ladrón y está en la cárcel; sin embargo, el que roba millones de dólares, es el político que goza de impunidad, claro está, con muy pocas excepciones.
Asimismo, una exautoridad expresó: “el que no roba en el país, es porque no tuvo la oportunidad”. Lo anterior, es muy fácil de refutar; pero en la “clase política” el corrupto es aplaudido y tolerado, –dicen: “roban, pero trabajan”. La corrupción está relacionada con la mala gestión de la justicia que premia al corrupto y castiga al honesto y digno. ¿Lo anterior significa que los reglamentos y normas son para los enemigos? ¿La justicia tiene amigos y enemigos, favorecidos y desfavorecidos? ¡Es una justicia corrompida, sí! Como dice la gente: “cuídense de la justicia boliviana”.
En la mentalidad del corrupto, está la idea fija: “llegar al poder para robar” y esto pasa en el Estado, en los gobiernos y las instituciones, con excepciones ciertamente. El país está cansado de los sobreprecios: del 10% que va a los bolsillos de los políticos, sólo por autorizar tal o cual obra pública. Cuando vemos tantos baches en las calles y las carreteras, se debe entender que es consecuencia de la corruptela: si el espesor del asfalto es menor al estándar legal (15 o 20 cms.), los hoyos por doquier, es porque se robaron parte del pavimento. En otro campo, la vulneración de la pertinencia académica, es otra manifestación de corrupción, como dijo Aristóteles: “Para caer en corrupción no se necesita robar, sólo basta con aceptar un cargo para el cual no estás preparado”. Es decir, –lo escribimos en otros textos– se necesita un contador público y se coloca en el cargo a una bailarina. En la gestión pública, aquel funcionario que ejerce un cargo para el que no está preparado, es sin duda, otro corrupto más; en el campo educativo pasa lo mismo con el profesor que ejerce la docencia en un puesto para el que no se formó. Esta frase sintetiza: “Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable.” (Cicerón). El Estado como organización política y social no deja de ser ajena a la realidad que sentenció Publio Cornelio Tácito: “Mientras más corrupto sea el Estado, más leyes tiene”. Se tiene leyes casi para todo, pero no se aplican… Y así, el país se va perdiendo cada día más.
La corrupción es la degradación del ser humano, es la deseducación, es antipedagógico. Por lo tanto, es una necesidad urgente la “educación en valores” y/o reeducación en toda la sociedad y especialmente en la “clase política”, porque la corrupción se mal aprende. Sin embargo, no se debe confundir la “bolsa de valores” con los “valores humanos”; éstos están orientados a la formación de virtudes. En ese horizonte, la política en sí misma no es mala. La política es ciencia, es social y debería ser un conjunto de “valores humanos” y de servicio. ¿Qué hacer? Lo que se debe hacer es aprender, reaprender y desaprender, este último, como antivalor no de la ciudadanía sino de los “políticos”.

El autor es docente de Ciencias de la Educación UMSA.

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