Queridos lectores, en la cocina tradicional de los valles y montañas de América del Sur, pocos ingredientes representan tan bien la unión entre nutrición, sencillez y sabiduría campesina como la arveja. Este pequeño grano verde, humilde en apariencia, encierra una riqueza que ha alimentado a generaciones enteras y ha encontrado un lugar privilegiado en la mesa familiar, especialmente en los tiempos de abstinencia como la Cuaresma, cuando la creatividad culinaria transforma los productos de la tierra en platos llenos de sabor y sustento.
La arveja, conocida científicamente como Pisum sativum, es una de las legumbres más antiguas cultivadas por el ser humano. Su historia se remonta a miles de años, cuando las primeras civilizaciones agrícolas descubrieron que este grano no solo crecía con facilidad en climas templados, sino que también ofrecía un extraordinario valor nutritivo. Con el paso del tiempo, su cultivo se extendió por Europa, Asia y América, adaptándose a diferentes suelos y convirtiéndose en un alimento esencial tanto en las cocinas campesinas como en la gastronomía más elaborada.
Pero la verdadera virtud de la arveja no está solo en su historia, sino en su generosidad nutricional. En cada pequeño grano se concentra una notable cantidad de proteína vegetal, lo que la convierte en una excelente alternativa alimenticia en dietas sin carne. Además, aporta fibra, vitaminas del complejo B, hierro, fósforo y antioxidantes naturales que favorecen la digestión y fortalecen el organismo. Gracias a estas cualidades, la arveja ha sido durante siglos un aliado fundamental en épocas donde la carne era escasa o estaba reservada para ocasiones especiales.
Desde el punto de vista agrícola, la arveja posee otra virtud silenciosa pero invaluable: mejora la fertilidad del suelo. Como muchas leguminosas, tiene la capacidad de fijar nitrógeno en la tierra, enriqueciendo los campos donde se cultiva y preparando el terreno para futuras siembras. Por ello, los agricultores tradicionales la han incluido durante generaciones en sus ciclos de cultivo, no solo como alimento, sino también como una herramienta natural para cuidar la tierra.
En la cocina, la arveja demuestra una versatilidad admirable. Puede consumirse fresca, tierna y dulce, recién cosechada de la vaina, o seca, cuando su sabor se vuelve más profundo y su textura más robusta, ideal para sopas y guisos que reconfortan el cuerpo. Al cocinarse lentamente, sus almidones se liberan y crean caldos suaves, cremosos y llenos de aroma, capaces de transformar ingredientes sencillos en platos memorables.
Así, este grano pequeño se revela como un símbolo de abundancia sencilla: nutritivo, accesible, fácil de cultivar y capaz de alimentar tanto el cuerpo como la tradición. Cada receta preparada con arvejas recuerda que la verdadera riqueza de la cocina no siempre está en la complejidad, sino en la sabiduría de aprovechar lo que la tierra ofrece con generosidad.
Porque, al final queridos lectores, la arveja nos enseña una lección antigua de la gastronomía agricola: los ingredientes más humildes suelen ser los que guardan las mayores virtudes.
Ají de arvejas de Cuaresma
INGREDIENTES
Ingredientes (4 personas)
2 tazas de arvejas secas o frescas
4 papas medianas peladas
2 huevos
1 cebolla grande picada
2 dientes de ajo picados
2 cucharadas de ají colorado molido
1 tomate picado
1 cucharadita de comino
1 cucharadita de orégano
3 cucharadas de aceite
1 litro de agua o caldo de verduras
Sal y pimienta al gusto
Perejil picado para decorar
Para acompañar
1 taza de arroz blanco cocido
Llajua fresca
Queso criollo (opcional)
opcional *
Sal, pimienta en baya y comino a gusto
PREPARACIÓN:
Cocinar las arvejas
Si son arvejas secas, déjelas remojar unas horas. Luego cocínelas en agua durante 25–30 minutos hasta que estén suaves.
Preparar el ahogado
En una olla calentar el aceite y sofreir:
Cebolla,ajo,tomate
Cocinar hasta que la cebolla esté transparente. Agregar el ají colorado, el comino y el orégano. Sofreir unos minutos hasta que el ají libere su color y aroma.
Añade las arvejas cocidas con un poco de su caldo. Mezcla bien y deja hervir unos minutos para que el sabor del ají se integre.
Incorporar las papas cortadas en mitades o cubos grandes. Cocinar a fuego medio 15–20 minutos hasta que estén suaves.
Cuando el guiso esté casi listo, añadir los huevos directamente en la olla para que se escalfen dentro del ají o cocínalos aparte y agrégalos al final.
Rectificar la sal y pimienta. El caldo debe quedar ligeramente espeso gracias al almidón de la papa.
El resultado es un plato nutritivo, económico y profundamente tradicional, perfecto para los días de abstinencia de carne durante la Cuaresma.
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SERVIR
Servir el ají de arvejas caliente acompañado de arroz blanco, huevo cocido o escalfado
perejil fresco.
Queridos lectores hasta la próxima cucharada de sabiduría gastronómica y no olviden que:
“La gastronomía hecha con amor, física, química y biológicamente sabe mejor”
Chef Franz R. Arandia Belmonte
Gastrónomo Profesional e Investigador Gastronómico
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