Existen aún resabios de quienes estilaban un discurso antiestadounidense. Que satanizaban sus inquietudes financieras en otros países. Que le tildaban de imperialismo devastador. Aprovechador de los recursos naturales ajenos. Actitudes que asumían los seguidores del comunismo dictatorial. Que pretendieron imponer esa perorata, en ocasión de la mayor tensión política, económica e ideológica, que dividía a dos superpotencias del mundo, en el pasado.
Hoy la apertura política y económica ha cambiado el rumbo de la historia y ese discurso. Ha cambiado las reglas de juego, en la política internacional. Ha determinado el reencuentro por el bien común. La perspectiva es construir un futuro mejor, con participación de la inversión nacional y extranjera. Sin cuestionar su origen, su idioma, su color de piel o la tendencia ideológica de ésta última. Se trata de aprovechar, en lo posible, su potencialidad financiera para avanzar. Que implica la transformación de los pueblos, por un mañana prometedor. También la renovación de mentalidad y actitud, acorde a los tiempos actuales. Aquella arenga trasnochada ya no tiene cabida hoy. El propósito ahora tiende a la integración de naciones, mediante acción mancomunada.
Países sudamericanos, han visto por conveniente trabajar con la inversión extranjera proveniente de Estados Unidos. Y de otros países, obviamente. Lo hicieron sin prejuicio ideológico ni cálculo político. En la perspectiva de forjar un destino mejor. Abrigando la esperanza de alcanzar prosperidad y desarrollo sostenible. Se perfilaron, en consecuencia, con un fuerte liderazgo económico en la región. Se impuso la voluntad de conectar ideas y estrategias, en la búsqueda de emprendimientos compartidos. El objetivo mayor fue salir de la postergación. La cooperación mutua arrojará sus resultados efectivos tarde o temprano. Ahora la decisión es caminar unidos, como buenos socios, redoblando esfuerzos, en adelante. La prédica de la animadversión fue erradicada.
El Socialismo del Siglo XXI, de tinte antinorteamericano, fue reducido a la mínima expresión en América Latina. Los países gobernados por izquierdistas han optado, inclusive, por ignorarlo, priorizando sus objetivos más inmediatos. Acá se impone la inquietud del mundo libre. La convicción democrática, que permite el pluralismo político. La apertura política y económica que, como bien sabe la opinión pública, ha redundado por la construcción de un venidero con mejores condiciones de vida. Nuestro continente, por lo visto, ya no está ideologizado. Con excepción de alguna nación, gobernada por la izquierda, que ha enviado, recientemente, más de 800 toneladas de alimentos, bajo el título de ayuda humanitaria, a la isla comunista. Estamos exentos, por lo demás, de la influencia socialista.
En suma: solo con el esfuerzo interno y la contribución de la inversión extranjera, lograremos avanzar en consonancia con los tiempos que se imponen. Solos seguiremos atados de pies y manos.
Existen aún resabios negativos
Severo Cruz Selaez
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