InicioSeccionesEditorialCoca y cocaína en tiempo de Evo

Coca y cocaína en tiempo de Evo

Después de semanas de desaparición del cocalero Evo Morales Ayma, en el Chapare de Cochabamba, reaparece ese caudillo, del que algunos comentaban que estaba siendo perseguido por el gobierno de Estados Unidos, debido a su complicidad con el narcotráfico, por lo que seguiría el camino del gobernante venezolano Nicolás Maduro.
En su teatral reaparición, el cocalero afirmó que durante cuarenta días estuvo hospitalizado en el trópico cochabambino, con una enfermedad muy peligrosa, que puso su vida al borde de la muerte, síntoma visible en el aspecto demacrado que exhibió al salir de su guarida. Allí habría sido tratado por sus médicos y curanderos.
A su retorno al escenario político del país, en una conferencia de prensa, lo primero que hizo fue referirse al problema de la coca y la cocaína, cuya producción, durante su periplo por el poder, aumentó, así como el comercio de drogas en varias etapas de su producción.
Esa afirmación es comprobable porque durante la época en la que estuvo manejando las riendas del poder en forma inmune e impune, casi a diario se denunciaba la exportación ilícita de la droga en cantidades asombrosas. Entonces se informaba sobre el traslado en aviones y avionetas e inclusive por vía terrestre de la droga, a países como Brasil, Paraguay, Perú, Venezuela, México, así como a Estados Unidos y Europa, a centros de comercialización y consumo que estaban a cargo de “sindicatos” y “peces gordos” del nefasto negocio.
En fin, se observaba una cadena interminable del negocio de la cocaína en Bolivia, que estaba al amparo de mafias especializadas que, durante el “reinado” del cocalero, de casi catorce años, produjo miles de toneladas de la droga blanca que, además, hizo ganar miles de millones de dólares a los respectivos protectores del narcotráfico, así como a los productores de coca, materia prima para la fabricación de cocaína.
Se recuerda que en 2017 se llegó a cultivar coca en aproximadamente 25 mil hectáreas, de las cuales, en principio, se legalizó 12 mil, pero la demanda obligó al entonces presidente Morales a aumentar esa superficie a 22 mil hectáreas, para atender los requerimientos de la “industria” de la pasta y droga “blanca”. En 2023 la cantidad llegó a 30 mil hectáreas, a las que cabe añadir los cultivos clandestinos.
Ahora bien, el impulsor de ese negociado multimillonario “de cuyo nombre no queremos acordarnos”, al reaparecer después de su tratamiento médico, que lo devolvió a la vida, afirmó que el actual gobierno estaría relacionado con un contrabando de marihuana. Sin embargo, guardó silencio sobre el negocio de drogas durante su gobierno de casi catorce años, al que nos referimos en párrafos anteriores.
Es, pues, ridícula la actual conducta del cocalero de Orinoca. En efecto, ve la paja en ojo ajeno, pero no ve el tronco que tiene enfrente. Además, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES