En un movimiento clave para la estabilidad monetaria, el Gobierno boliviano busca consolidar un tipo de cambio único este 2026. El ministro Gabriel Espinoza, si bien mantuvo la cautela sobre la fecha exacta para alcanzar este propósito, dejó clara la determinación del Ejecutivo por normalizar el mercado de divisas en el corto plazo.
El titular de Economía, informó que el mercado paralelo de divisas ha iniciado el año con una tendencia a la estabilización, situándose en un rango de entre Bs 9,20 y Bs 9,30. Enfatizó que la prioridad de su gestión es la convergencia hacia un tipo de cambio unificado, advirtiendo que la multiplicidad de cotizaciones representa una distorsión que impide el funcionamiento eficiente del sistema económico.
La autoridad adelantó que el Gobierno perfila una transición hacia un sistema de tipo de cambio unificado y flotante, donde el valor de la divisa sea determinado exclusivamente por las fuerzas del mercado. Así lo confirmó el Ministro Espinoza, quien situó esta reforma como un pilar estratégico en su reciente balance de gestión sobre el futuro de la política cambiaria en Bolivia.
El ministro Espinoza ratificó que la hoja de ruta del Ejecutivo apunta hacia la unificación cambiaria. Este modelo busca converger en un tipo de cambio único donde la cotización de la divisa sea determinada por las dinámicas de oferta y demanda del mercado, eliminando así las distorsiones actuales.
La postura del Gobierno es “la transición hacia un tipo de cambio unificado bajo un esquema de flotación”, declaró la autoridad ante la prensa. El funcionario precisó que la cotización debe determinarse orgánicamente, ajustándose a la dinámica de oferta y demanda de divisas dentro del mercado nacional.
Espinoza subrayó que este tipo de ajustes estratégicos suelen ejecutarse sin previo aviso para evitar especulaciones. No obstante, el funcionario manifestó su optimismo respecto a que la reforma de la política cambiaria se materialice en el transcurso del presente año.
Bolivia ha sostenido un esquema de tipo de cambio fijo durante más de una década, manteniendo inalterable la cotización oficial de Bs 6,96 para la venta y Bs 6,86 para la compra desde noviembre de 2011. Esta política, que operó sin fisuras en el mercado cambiario hasta el 2023, se consolidó como el eje gravitacional del modelo económico boliviano, actuando como un ancla de estabilidad que permitió controlar la inflación y brindar certidumbre a los agentes financieros durante un periodo de relativa calma cambiaria.
El panorama económico experimentó un quiebre crítico cuando la agudización de la crisis, alimentada por una severa escasez de divisas y una demanda asfixiante, fracturó el sistema cambiario vigente. Esta presión desencadenó la emergencia de un mercado paralelo de divisas que alcanzó niveles históricos, llevando la cotización del dólar a rozar los Bs 20 en su punto más álgido, de acuerdo con los reportes de transacciones del sector informal.
En respuesta a la actual coyuntura, el Banco Central de Bolivia (BCB) estableció una cotización referencial de mercado que sirve como ancla para las expectativas cambiarias, situando el dólar esta semana en Bs 8,64 para la compra y Bs 8,82 para la venta. Estas cifras reflejan un ligero repunte respecto al cierre del viernes previo, cuando la divisa cotizaba en Bs 8,59 y Bs 8,77 respectivamente, marcando así una tendencia de ajuste al alza en las operaciones financieras del país.
La fluctuación en la cotización referencial evidencia el protagonismo que ha recobrado el mercado en la determinación del valor de la divisa. Para el Ejecutivo, esta dinámica no es fortuita, sino que valida la hoja de ruta hacia un régimen de tipo de cambio flotante, donde la oferta y la demanda dicten el nuevo equilibrio monetario.
El Gobierno apuesta por un sistema unificado para terminar con la dualidad cambiaria y estabilizar el valor de la moneda. Pese a la expectativa, la arquitectura definitiva de esta medida sigue en fase de evaluación, mientras las autoridades sopesan los riesgos de volatilidad.
