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Exsenadora Centa Rek

Prerrogativas diplomáticas se han convertido en herramienta de abuso

> En muchos países, el Parlamento puede acceder al pasaporte diplomático, pero jamás a la valija diplomática, porque su uso discrecional puede pasar a ser un salvoconducto para arbitrariedades. > Cancillería tiene la responsabilidad ineludible de regular, restringir y fiscalizar el uso de este privilegio, hoy convertido en herramienta de abuso. > El populismo no solo distorsiona el debate público: deforma principios rectores, erosiona valores sociales y vacía de contenido a las instituciones y a las normas. Su sello distintivo es el doble rasero.

En una coyuntura marcada por el reciente escándalo alrededor del denominado “caso narcomaletas”, en el que se investiga a una exdiputada por el uso irregular de un pasaporte diplomático para ingresar 32 maletas al país evadiendo revisiones y controles, la exsenadora por Santa Cruz, Centa Rek, afirmó que el uso discrecional de algunas prerrogativas diplomáticas ha sido convertido en una herramienta de abuso.
A través de un artículo de opinión compartido en sus redes sociales, Rek señaló que la discusión en este tema no es menor ni anecdótica, sino un asunto de Estado, tomando en cuenta que se ha reabierto un debate que el poder político ha preferido esquivar durante años: “el uso y abuso de las prerrogativas diplomáticas”.
“En muchos países, el Parlamento puede acceder al pasaporte diplomático, pero jamás a la valija diplomática. Ni siquiera los embajadores deberían usar este instrumento de forma discrecional. La valija diplomática no es propiedad personal del embajador, ni un salvoconducto para arbitrariedades. Debe salir exclusivamente desde una embajada, con sellos oficiales, inventariada por personal autorizado, y con conocimiento expreso de la Cancillería sobre el contenido que se transporta”, precisó la exparlamentaria, añadiendo que ese control no se trata de una formalidad, sino una obligación.
Afirmó además que, otras autoridades del Estado no tienen derecho alguno a portar ni utilizar la “valija diplomática”, por lo que pretender lo contrario es abrir la puerta al contrabando, al tráfico ilícito y a la impunidad internacional.
“La Cancillería tiene la responsabilidad ineludible de regular, restringir y fiscalizar el uso de este privilegio, hoy convertido en herramienta de abuso. No es un secreto, aunque incomode decirlo, que cónsules, embajadores, parlamentarios y esa nueva casta de funcionarios supranacionales, han utilizado estas prerrogativas para fines ilegales. El populismo calla frente a estos hechos porque vive de los privilegios que denuncia en el discurso”, dijo.
Para Rek, este mismo patrón se repite cuando se habla de reducir salarios de funcionarios públicos, bajo la consigna demagógica de “igualar hacia abajo”, donde lo que se busca es reemplazar profesionalismo por obediencia y capacidad por sumisión, con el resultado es previsible de una burocracia inepta, dócil y corrupta, que termina convertida en una casta de vividores que comete delitos amparada en privilegios encubiertos.
“El populismo no solo distorsiona el debate público: deforma principios rectores, erosiona valores sociales y vacía de contenido a las instituciones y a las normas. Su sello distintivo es el doble rasero. Se presenta como cruzada moral contra las élites, mientras reproduce y amplía privilegios, camuflándolos en prácticas fariseas que dice combatir”, indicó.
En esa línea, señaló que todo se puede discutir en democracia, incluso los beneficios diplomáticos, pero solo normas, reglas claras y buenas intenciones, no con discursos hipócritas que dicen combatir abusos mientras los perfeccionan.
“El populismo no elimina privilegios: los redistribuye entre los suyos. Y cuando el Estado se convierte en botín, la ley deja de ser límite y pasa a ser coartada”, aseguró la exparlamentaria, apuntando a que la responsabilidad ya no es abstracta ni histórica, sino recae hoy en la Cancillería y en el canciller en funciones.
“Es esta gestión, no la anterior ni la que vendrá, la que debe reconducir estas aberraciones, poner fin al uso discrecional de pasaportes y, sobre todo, cerrar definitivamente la puerta al abuso de la valija diplomática, porque no hacerlo implicaría algo más grave que negligencia: sería complicidad por omisión. El Estado no puede seguir tolerando que privilegios diseñados para proteger relaciones internacionales se conviertan en instrumentos de impunidad y contrabando”, explicó.
Finalmente, Rek observó que, si el discurso oficial pretende diferenciarse del pasado, este es el punto de quiebre, donde regular, fiscalizar y sancionar dejó de ser una opción política y ahora se trata de una obligación institucional.
“Todo lo demás será retórica populista: palabras grandilocuentes que encubren las mismas prácticas que dicen combatir. La historia no juzgará las consignas, sino las decisiones que se tomaron cuando ya no había excusas para mirar a otro lado”, agregó.

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