El nuevo gobierno ha anunciado que dirigirá todos sus esfuerzos a poner fin a los cultivos excedentarios de coca, al comercio irregular de la hoja y la producción de derivados como la pasta de la hoja y la droga pura o cocaína, que sirven para el consumo interno y, finalmente, la exportación.
Días después, altas autoridades informaron que la DEA, entidad norteamericana especializada en investigar y reprimir a los traficantes y productores de drogas, retornó a Bolivia. Recordemos que en 2009 el gobierno de Evo Morales la expulsó de Bolivia, dejando prácticamente libre la producción de derivados en el Chapare y otras regiones del país. También se liberó el cultivo de la hoja, lo cual determinó el aumento de la producción de cocaína, al extremo que, desde entonces, las exportaciones ilegales fueron descubiertas en muchos países vecinos, donde con frecuencia se informaba sobre captura de aviones con grandes cantidades de droga.
Según autoridades de años pasados, la producción de coca para producir estupefacientes había aumentado. Y el gobierno de Morales dictó un decreto que autorizaba el cultivo de la hoja hasta unas 33 mil hectáreas, cantidad a la que se agregaban otras 20 mil cultivadas en zonas nuevas. En esa forma, el gobierno del MAS duplicó con su autorización el cultivo de la materia prima para producir pasta de droga y cocaína.
En síntesis, se puede decir que la lucha contra la droga fue un fracaso, pese a enérgicas campañas impulsadas desde fines del siglo pasado, algunas de las cuales, en vez de reducir el comercio de coca, lo incrementó. Es más, en años pasados, varios gobiernos hicieron grandes campañas contra el narcotráfico en colaboración con la DEA, y se invirtió millones de dólares para la represión, aunque los resultados fueron negativos.
Además, el diplomático norteamericano Rocha con sus declaraciones contra Morales lo favoreció, para que éste llegue a la presidencia del país. Es decir que obtuvo apoyo indirecto. En esa forma, todas esas campañas contra la droga fueron un fracaso. Pero esa frustración no se produjo porque la lucha contra el narcotráfico estaba mal enfocada, sino por actitudes como la mencionada.
Al presente, la nueva lucha contra ese mal se está reiniciando. Sin embargo, se observa que, al repetirse los mismos tratamientos, el problema puede no desaparecer. Por tanto, es necesario que la nueva campaña no se limité a atacar los efectos, sino que vaya al fondo del problema, única manera de cumplir los programas de erradicación y tráfico de drogas.
En efecto, la lucha contra las drogas y la hoja puede ser exitoso en caso de ser realizada con inteligencia. En esa forma, el problema será solucionado con gastos aceptables y, en su totalidad, sin violencia en lo posible, Pero, como de costumbre, ¿quién le pone el cascabel al gato?
De todas maneras, esperamos que las nuevas iniciativas tengan éxito, evitando repetir errores, lo que ocurría en años anteriores por falta de capacidad gubernamental.
Nueva campaña contra el narcotráfico
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