Es una frase coloquial que da a entender que algo sucede inesperada y precipitadamente, sin preparación, ni meditación previa. También se usa para enfatizar la rapidez y sorpresa de un evento que indica un cambio brusco.
En estas épocas, en Bolivia, cuántas veces no proceden de ese modo, sobre todo en el manejo de la cosa pública. Por ejemplo, en relación con tarifas del transporte. Hace algunos años, estudios técnicos dieron cuenta que en La Paz el alza del pasaje, ante los reclamos del gremio, solo debía ser de veinte centavos. Pero el alcalde de esos años, “de golpe y porrazo” –dijeron para ganar el apoyo del sector de “maestros del volante”– aceptó que sea de dos bolivianos y, además, virtualmente les “autorizó” a trabajar bajo el sistema de “trameaje”. Algo similar sucedió hace poco en El Alto, cuando de “golpe y porrazo” rompieron el férreo control vecinal que mantuvo por años la tarifa de “un peso”. Pero por decisión edil se elevó a Bs 1,50, alegando que “los choferes se han comprometido a no incurrir en los trameajes y prestar servicios de barrio a barrrio”. Por supuesto que tal “promesa” fue incumplida por dicho sector que hoy, dicen, quiere más.
Hace poco han surgido posturas valientes de algunos parlamentarios, sobre todo de un senador, y algún candidato a gobernador, en sentido de que las autoridades de todo nivel, comenzando por el presidente del país, se rebajen el sueldo en un cincuenta por ciento y compartan la crisis con el pueblo. Sugerencia que ha sido rechazada “de golpe y porrazo” por varios individuos que hoy viven en jauja, arguyendo que ellos “sí trabajan” y se hacen acreedores a esos sueldos a los que, por supuesto, nunca podrán aspirar los humildes obreros y menos los que no tienen una fuente de trabajo.
También sucede en el campo médico, cuando a un paciente, con severas dolencias, “de golpe y porrazo” al parecer, le programan la consulta externa que requiere con urgencia, para dentro de varios meses, justificando “con ese problemita nadie ha muerto de un mes para otro, ¿no?”. Y así existen numerosas muestras de la utilización “de golpe y porrazo” en todos los órdenes de la vida diaria de una sociedad cada vez más insensible y metalizada. A la colectividad mayoritaria solo le queda tener tolerancia a toda prueba o, en todo caso, demostrar una paciencia jobiana. Mientras, el despilfarro y la muestra de que “a nadie le importa nada”, como cantaba hacen décadas Jaime del Río, un cantautor ya fallecido, está la vista, cuando pese a los problemas económicos muchos prácticamente ya están viviendo los carnavales. En fin, así es el ser humano, y por cierto que la diversión y el jolgorio formarían parte de nuestra esencia.
Entonces no es de extrañar que el uso “de golpe y porrazo” esté presente en casi todas las acciones precipitadas y hasta traumatizantes que suelen aplicar quienes tienen en sus manos el manejo del poder y don dinero, o de cualquier cargo que entraña una “dirección” concedida por las jerarquías, desde las cuales se decide que “eso es lo conveniente o lo mejor” para el ciudadano de a pie, ante lo cual siempre será lo mejor tomar el pertinente recaudo.
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