Leonardo Javier Verdúm Estrada prefiere hablar del monte, de los ríos y de los animales que reconoce por sus huellas antes que de sí mismo. Nacido en la Reserva Nacional de Fauna Tariquía, en Tarija, hace 27 años asumió el trabajo de guardaparque, primero como defensa comunitaria y luego como vocación de vida.
Su ingreso al sistema de áreas protegidas fue el 15 de septiembre de 1998, después de participar en un comité cívico que frenó el ingreso de una empresa forestal privada a su territorio.
Desde entonces, su rutina transcurre entre patrullajes, controles y largas jornadas en el campo. En 2008 apoyó la gestión del Parque Nacional Aguaragüe, pero Tariquía siguió siendo su base. Pertenece a la comunidad de Chiquiacá Sur, dividida territorialmente con el tiempo, aunque todavía es el centro de su identidad.
El trabajo está marcado por la falta de apoyo logístico, lluvias intensas, ríos crecidos y caminos intransitables; sin embargo, los mayores riesgos vienen de actividades ilegales como extracción forestal y pesca indiscriminada en los ríos Tarija, Salinas y Chiquiacá.
“Lo más complicado es enfrentarse a los infractores”, admite. Él y sus colegas han sido intimidados, golpeados y amenazados de muerte por personas ebrias o alteradas que operan dentro del área protegida. A esa presión se suman condiciones laborales precarias: en 2025 no recibieron uniformes, hubo retrasos salariales y no se pagaron refrigerios ni subsidios, una realidad que afecta a guardaparques de las 23 áreas protegidas del país.
Leonardo cumple turnos de 21 días en Tariquía y tiene 10 de descanso al mes, que reparte entre su madre y sus dos hijos, uno universitario y una menor de edad. Reconoce que el tiempo en familia es escaso. También cuestiona el pago del bono de alimentación mediante billeteras móviles, que encarece los productos y no los beneficia directamente.
Pese a todo, mantiene la esperanza en que el Estado refuerce su compromiso con el medio ambiente. “Proteger la naturaleza es proteger el futuro del país”, afirma. Caminar por el monte, seguir huellas y respirar otro aire le recuerdan por qué eligió este camino, una historia que resume la de muchos guardaparques bolivianos que, lejos de los reflectores, cuidan en silencio la riqueza natural del país. (Con información de Sumado Voces)
Tarija
Guardaparque Javier Verdúm; 27 años entre amenazas y sacrificios
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