Cuando pensamos en la figura del general Mariano Melgarejo, suele venirnos a la mente la imagen de un personaje iletrado, responsable de la muerte del general Manuel Isidoro Belzu y de haber gobernado el país de manera tiránica y sanguinaria entre 1864 a 1871. Esta representación, ampliamente difundida por la historiografía tradicional y por la memoria popular, ha terminado por convertir a Melgarejo en un símbolo negativo en la historia.
De esta manera, damos a conocer dos cartas escritas por el propio Melgarejo en momentos distintos, localizadas en fuentes hemerográficas, que permiten aproximarnos a una visión más personal del personaje.
La primera carta data del 1 de abril de 1865 y fue escrita en Potosí. Está dirigida al general Juan Sánchez y aborda directamente la muerte del general Manuel Isidoro Belzu. Este documento fue dado a conocer de manera exclusiva, muchos años después, por EL DIARIO el 14 de agosto de 1910. En su parte central, Melgarejo señaló: “…en ese momento noté que dos compañías del batallón 3° de habían pasado al enemigo penetrado por otra barricada, pero a mi presencia se reaccionaron. En el acto acometí el palacio acompañado de unos cuantos tiradores y al subir las escaleras fue amagada mi potencia por un N. Machicado que me asestó un rifle al pecho, y cuya puntería pude desviar con el brazo, pero los soldados que iban en mi compañía lo fusilaron. La tropa embriagada con el triunfo, subió velozmente hasta llegar a la entrada de los salones principales en donde apareció Belzu pidiendo que se le salvara la vida: procuré entonces interponerme entre él y la tropa para que no se le hiciese daño alguno. pero sea la fatalidad de ese caudillo, ó que en medio de la confusión y ruido los soldados no oyeron voces, el resultado es que uno de ellos le disparó un balazo por encima de mi hombro, que, rompiéndole el cráneo le dejó sin vida”. Relato que coincide con la descripción que nos dejó Narciso Campero en su obra ‘Mi regreso de Europa a Bolivia. 1865’ (1874).
La segunda carta se refiere a su huida al Perú, ocurrida tras la caída de su gobierno el 15 de enero de 1871, episodio que selló el colapso definitivo de su poder político. Fechada en Puno el 30 de enero de ese mismo año, fue dirigida a un ahijado cuyo nombre no se consigna y publicada posteriormente en el periódico paceño ‘La Tribuna’ el 25 de octubre de 1893.
En la parte central enfatizó: “Nuestra desgracia se debe que al tiempo de tomar la última barricada serca a la Plaza se acabó la munición de los Batallones a la cinco de la tarde y solo los pocos Rifleros sostuvieron el fuego en los cuatro puntos de ataque hasta las ocho de la noche, hora en que ordené su retirada a la Plazuela de San Sebastián, donde les dije que se dispersaran en la población puesto que no había munición para hacer competencia al otro día si formáramos campamento en el Panteón i que solo los docientos Rifleros estaban municionados y no eran suficientes para combatir con tres mil hombres armados que tenía el enemigo…”.
Sin duda, estas dos cartas, nos permiten conocer la visión y observaciones directas del ascenso y caída de Melgarejo, desconocidas por la historiografía tradicional.
Dos cartas olvidadas de Melgarejo
José E. Pradel B.
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