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Instagram en la era de la IA: el valor está en la fuente, no en la imagen

Adam Mosseri, CEO de Instagram, advierte que el feed clásico de la red social “está muerto” y que los creadores deben adaptarse al impacto del contenido generado por inteligencia artificial.

Desde sus inicios, Instagram creció gracias a la estética cuidada y los filtros, pero Mosseri señala que esa perfección ya perdió valor: hoy es barata de producir y aburrida de consumir. En su lugar, emerge la llamada raw aesthetics (estética cruda), donde la imperfección funciona como prueba de autenticidad frente a un mar de imágenes sintéticas.

El directivo subraya que la autenticidad ya no es exclusiva de los humanos, pues puede ser replicada por algoritmos. Por eso, el reto para los creadores no será simplemente “crear”, sino aportar algo que solo ellos puedan ofrecer.

Además, anticipa un cambio profundo en la psicología del usuario: pasaremos de confiar en lo que vemos a asumirlo con escepticismo, prestando más atención a quién comparte el contenido y con qué intención. En un entorno de “abundancia infinita y duda infinita”, la autoridad se desplaza de la imagen a la fuente.

Creadores, contexto y poder en Instagram

Adam Mosseri, CEO de Instagram, afirma que el clásico feed de fotos cuadradas “está muerto”. Hoy, los usuarios comparten más en Stories y, sobre todo, en mensajes directos, donde predominan imágenes borrosas y vídeos espontáneos de la vida cotidiana. La autenticidad ya no se exhibe tanto como se comparte.

Mosseri sostiene que esta transformación no debilita a los creadores, sino que los hace más relevantes: en un entorno donde la autenticidad puede simularse, la confianza se convierte en un recurso escaso y valioso. Por eso, el contenido de personas reconocibles y consistentes gana peso frente a la perfección técnica, cada vez más barata y culturalmente menos interesante.

El directivo advierte que las plataformas deberán enfrentar la dificultad de distinguir lo generado por IA. En lugar de perseguir lo falso, propone certificar lo real desde el origen mediante criptografía y dar más contexto sobre quién publica y con qué trayectoria. La transparencia será imprescindible para que los usuarios decidan en quién confiar.

Finalmente, Mosseri plantea que Instagram debe evolucionar como infraestructura cultural: ofrecer mejores herramientas creativas, reforzar la verificación de autenticidad y priorizar la originalidad y la confianza. En un mundo de abundancia infinita y duda infinita, el valor ya no está en la perfección de la imagen, sino en la credibilidad de quien la comparte.

 

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