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El valor referencial del BCB

Ordenar el termómetro sin curar la enfermedad

Carlos Jahnsen Gutiérrez

El anuncio del Banco Central de Bolivia (BCB) de publicar un “valor referencial del dólar” marca un giro necesario: no modifica el tipo de cambio oficial ni implica una devaluación formal, pero intenta recuperar el control informativo que la autoridad había perdido en un mercado desbordado por múltiples precios paralelos. Durante meses coexistieron hasta siete cotizaciones distintas —bancos, plataformas, librecambistas, importadores, exportadores— y el BCB dejó de ser la instancia que organiza la formación del precio del dólar. El valor referencial busca corregir esa anarquía.

1. No es política monetaria: es una operación técnica
El BCB no cambió su régimen cambiario. Solo está ordenando señales del mercado usando datos reales de transacciones bancarias. Es la recuperación del termómetro, no el inicio del tratamiento.

2. ¿Para qué sirve?
Para reducir el desorden. El valor referencial puede:
• disminuir la absurda dispersión de precios,
• frenar la especulación basada en rumores,
• dar una referencia verificable a bancos y empresas,
• y aportar transparencia al mercado mayorista.
Países como Brasil (1999–2002), Nigeria (2020–2023), Argentina (2014–2015) o Uzbekistán (2017) utilizaron instrumentos similares antes de avanzar hacia reformas más profundas. Bolivia está repitiendo la fase preliminar de estos procesos.

3. Riesgos: el fantasma del desdoblamiento cambiario
La medida reconoce implícitamente un tipo de cambio dual, lo que puede intensificar expectativas de ajuste. Y cuando la brecha entre el tipo oficial y el referencial se amplía, no solo revela un problema: lo acelera. Convierte una certeza futura en una urgencia presente.
Además, las entidades financieras pueden ser presionadas por clientes que interpreten el valor referencial como el “tipo real”, tensionando operaciones y liquidez en un contexto sin dólares.

4. El riesgo mayor: que surja un tercer tipo de cambio
Si importadores y exportadores fijan precios y decisiones según el tipo de cambio que realmente enfrentan —el transaccional— Bolivia puede terminar con tres tipos de cambio:
— El oficial, que nadie usa.
— El referencial, que el mercado no cree.
— El efectivo, que coordina contratos y precios.
En ese escenario, el referencial deja de describir la realidad y empieza a producirla: el mercado sube su tipo efectivo
— empuja al alza al paralelo
— presiona al alza al referencial
— ensancha aún más la brecha con el oficial.
Es un círculo vicioso de expectativas que fragmenta el régimen cambiario y erosiona la credibilidad del Banco Central. En ese contexto, ocurre lo que menos desea el BCB: el referencial deja de ser un termómetro y empieza a comportarse como un amplificador de la fiebre.

5. El punto crucial: esto no resuelve la escasez de dólares
El valor referencial no aumenta reservas, no corrige el déficit fiscal, no mejora exportaciones, no reduce la dolarización y no elimina el paralelo.
Es un termómetro más preciso, pero, como se sabe, termómetros no curan la bronquitis del paciente.

6. Conclusión: medida necesaria, pero radicalmente insuficiente
El valor referencial es un paso técnico correcto: ordena la información y recupera autoridad en un mercado desbordado. Pero sin un programa macroeconómico integral —fiscal, productivo, externo y monetario— la medida solo reducirá el ruido, no la enfermedad.
Bolivia sigue entre dos fuegos:
— un tipo de cambio oficial que ya no representa la realidad,
— y un tipo de cambio real que nadie controla.
El país no necesita solo un termómetro; necesita tratamiento, corrección estructural y una estrategia de estabilización completa. El tiempo apremia. El mercado ya entendió que la calma informativa no sustituye a la solución económica.

El autor es economista PhD, consultor internacional.

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