En un momento crítico para la economía boliviana, urge reconocer un hecho inevitable: sin una participación más fuerte y dinámica de la empresa privada, el país no podrá retomar la senda del crecimiento. La reciente afirmación del presidente Rodrigo Paz —“nos dejaron sin nada en las arcas… se gastaron toda la platita”— no solo describe la realidad fiscal heredada; también evidencia que el Estado, por sí solo, no podrá generar la inversión ni el empleo que el país requiere con urgencia.
Durante años, el emprendimiento ha enfrentado obstáculos como inestabilidad institucional, trámites excesivos, incertidumbre normativa y competencia desigual con empresas estatales. Esto ha desalentado la inversión y empujado a un 85% de la población económicamente activa hacia la informalidad, un escenario nada bueno para el desarrollo del país.
Los principales retos empresariales se concentran en lo siguiente: la incertidumbre macroeconómica; la dependencia de recursos naturales; la necesidad de diversificar cadenas productivas; la dificultad para acceder a financiamiento, especialmente para PYMES y startups; la burocracia; la falta de seguridad jurídica; y las limitaciones logísticas que frenan la competitividad exportadora. Responder a estos desafíos es clave para que Bolivia pueda aprovechar plenamente su potencial productivo.
Para el sector empresarial boliviano, la Carta Magna es el marco fundamental que garantiza la seguridad jurídica, la libertad de iniciativa privada y el respeto a la propiedad, como pilares esenciales para el desarrollo económico.
Nos permitimos sugerir una modificación de la Constitución Política del Estado para generar mayor desarrollo en el sector minero, petrolero, arbitraje y otros.
A pesar de las dificultades, el país ofrece oportunidades significativas. La agroindustria destaca por su capacidad de generar valor agregado mediante la transformación de materias primas para exportación. El sector tecnológico y fintech crece con fuerza gracias al surgimiento de nuevas startups e incubadoras, con oportunidades en pagos digitales, logística y agrotech. La minería sigue siendo estratégica, siempre que cuente con reglas claras que incentiven la inversión responsable. Asimismo, el turismo y la hotelería se proyectan como sectores atractivos para nuevas inversiones, especialmente mediante marcas internacionales y modelos de franquicia que fortalezcan la oferta de servicios. Juntos, pueden detonar un crecimiento sostenido impulsado por la iniciativa privada.
Para materializar ese potencial, los empresarios deben apostar por estrategias de financiamiento mixto que combinen capital local con fondos regionales e inversiones extranjeras. Aprovechar programas de incubación puede generar crecimiento, fortaleciendo la innovación y ampliando el acceso a mercados internacionales.
Con una economía que requiere dinamismo inmediato, el rol del sector privado se vuelve nuevamente central. Sin inversión nacional y extranjera no habrá generación de divisas, ni aumento del PIB ni expansión de la capacidad productiva. Por ello, es imprescindible que Bolivia ofrezca seguridad jurídica, reglas del juego estables y un marco normativo predecible. En un país con bajo ahorro interno, cerrarse al capital externo sería un error estratégico.
El empresariado boliviano ha demostrado resiliencia y compromiso, generando empleo e innovación, incluso en contextos adversos. Pero para sostener ese esfuerzo se requiere un entorno institucional sólido, donde el Estado no interfiera de manera arbitraria, sino que dialogue y genere confianza. Como ha señalado el sector privado, construir un país viable exige estabilidad y claridad normativa. En ese marco, los empresarios estamos listos para asumir un rol protagónico en la reconstrucción económica del país. El desarrollo no se decreta: se construye. Y sin empresa privada, no habrá empleo, producción ni crecimiento. Lo que está en juego no es un interés sectorial, sino el futuro económico de Bolivia.
El autor es economista, Académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
