El Gobierno nacional obedece a un mandato popular. Fue elegido para asumir decisiones. Para cambiar el curso de la historia. Para transformar la imagen del país, en el contexto regional. En una coyuntura que ajusta fuertemente los cinturones. Donde el boliviano ha perdido su poder adquisitivo. Donde lo prioritario será ofrecer certidumbre y seguridad a la población. Ello será posible siempre y cuando haya entendimiento, lealtad y una inquebrantable vocación de servicio a la Patria. Y no a los sectores radicales ni a los ídolos de barro. Cuando hayan sido superados despropósitos que provienen de ciertas mentalidades aleccionadas.
Aquel no representa a los gobiernos de turno, que provocaron la debacle económica. Que vivieron y medraron a costa del erario nacional durante 20 años. Que promovieron la división y la discriminación para perpetuarse en el Poder. Que odiaron a quienes invertían y generaban empleo. Que encarcelaron a quienes pensaban diferente, emulando a las dictaduras socialistas. Pero los tiempos han cambiado. El bolivariano de Venezuela, está en la cuerda floja. Sus pupilos corren la misma suerte. El Socialismo del Siglo XXI tiende a disiparse. El continente ya no estará contaminado ideológicamente. Ha llegado el momento de su final. Ya no habrá el respaldo político ni financiero para armar fraudes ni para comprar conciencias.
La consigna hoy es hacer Patria, venciendo dificultades en el camino. Que la dificultad permita templar el espíritu, que busca la transformación. Sin posponer las genuinas aspiraciones de un futuro llevadero, que alientan los sectores populares. Ellos no exigen igualdad, sino mejores condiciones de vida. No exigen el cierre de empresas privadas, sino la creación de nuevas fuentes de trabajo. No exigen ideologías, sino artículos de consumo al alcance del bolsillo más humilde. Imponer, asimismo, seguridad jurídica, a favor de quienes impulsan la actividad privada.
Es absurdo exigir soluciones a quienes aún se organizan. Entre sorpresas y tropiezos, entre acuerdos y desacuerdos, entre dimes y diretes. Apenas van conociendo los vericuetos del palacio Quemado. Ellos no son taumaturgos, para revertir la crisis económica, de la noche a la mañana. Para garantizar el abastecimiento del pan de batalla, cuando una empresa estatal distribuidora de harina habría incurrido en corrupción. Aquellos que detentaron el gobierno durante 20 años, nos dejaron un país quebrado. Sin combustibles, sin dólares, sin empleo y una costosa canasta familiar. Ahora tienen la desfachatez de exigir soluciones inmediatas.
Los bolivianos debiéramos unirnos, para superar los tiempos difíciles. El desencuentro será nuestra desgracia. El tratar de acortar el mandato constitucional, significará el quebrantamiento democrático. En este caso estaríamos transitando hacia un retroceso. ¿Y quién sería el salvador?, es la pregunta del millón. No estamos en la época del auge gasífero, que viabilizó millonarios ingresos. Esa copiosa lluvia de billetes verdes, fue despilfarrada.
En suma: es urgente coadyuvar con las inquietudes que buscan el cambio.
Para asumir decisiones
Severo Cruz Selaez
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