Apenas comenzó a gobernar Rodrigo Paz, su vicepresidente comenzó a dirigirle duras críticas; en los últimos días, lo acusó de ser un “mentiroso” y un “cínico”. ¿No significan aquellas acusaciones una tácita ruptura? ¿Y no significan aquellas declaraciones un daño a la imagen de Bolivia en el escenario internacional? Más allá de todo eso, una ruptura entre Paz y Lara significaría una crisis de gobernabilidad, pues no es secreto que una buena parte de la bancada del PDC en el Parlamento es seguidora del vicepresidente; por tanto, una ruptura entre los dos más altos mandatarios del país significaría un obstáculo en el Legislativo en lo referente a la implementación de soluciones estructurales, que hoy Bolivia necesita con urgencia.
Para entender este problema hay que remontarse a las épocas de campañas, cuando Rodrigo Paz tuvo como acompañante a un empresario potosino que luego se bajó de la candidatura vicepresidencial. Luego, Paz encontró a Lara, quien se adhirió a la candidatura del PDC en una campaña que ya estaba en marcha. Este partido tradicional ya estaba sin militancia orgánica y sin adeptos que profesaran la ideología de la democracia cristiana; había quedado, como muchos otros, como un partido que prestaba su sigla a candidatos que no tuvieran que ver necesariamente con él. Por tanto, la dupla Paz-Lara fue una candidatura sin una cohesión ideológica, sin una sinergia de ideas e ideales, lo cual se puede comprobar ahora, cuando Lara se refiere al presidente de manera tan desatinada.
Desde que inició el nuevo gobierno, Lara se ha referido en varias ocasiones a Paz como un hombre que se rodea de gente cuestionable y hasta con vínculos de corrupción. El vicepresidente no ha dejado de usar su cuenta de TikTok para realizar esa crítica frontal; sin embargo, habría que cuestionarle a él si realmente esa es la manera o el canal adecuado para plantear sus críticas, que legítimamente puede tener, respecto al primer mandatario del país. En este sentido, Lara ha seguido comportándose como lo que fuera hasta antes de ser vicepresidente, a saber, como un “influencer” o una figura influyente de las redes sociales.
Bolivia, más allá de las graves necesidades económicas que tiene, debe remover a los autoprorrogados y elegir a los nuevos vocales del Tribunal Supremo Electoral. Ello pasa por las urgentes labores de coordinación legislativa del vicepresidente, las que Lara, ciertamente, no ha ejecutado hasta ahora. Es más, en los primeros días de sus funciones salió de vacaciones por varios días, en compañía de su esposa, quien es legisladora y no se presentó en las sesiones de la Cámara.
¿Podría el factor Lara afectar la estabilidad del Gobierno? ¿Podría esta ruptura ser el anuncio de un conflicto social de gran escala? Los bolivianos ya están hartos de los problemas de los políticos, que afectan a toda la población. La era del MAS, llena de corrupción y problemas entre políticos, que afectaban a toda la ciudadanía, es una pesadilla que los demócratas y, sobre todo, los ciudadanos de buena voluntad quisieran olvidar para siempre.
Lara y sus excesos
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