Durante el acto de transmisión de mando presidencial, el presidente, Rodrigo Paz Pereira, recibió cuatro bastones de mando como símbolo de liderazgo espiritual y político, que combinan el respeto a la tradición republicana, la institucionalidad militar y los saberes ancestrales de pueblos indígenas.
Cada uno de los bastones contiene un valor simbólico y político particular: el primero fue otorgado por las Fuerzas Armadas, simbolizando la asunción de Paz como Capitán General del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada Boliviana.
El segundo fue otorgado por la Policía Boliviana, en representación de la responsabilidad asumida con el orden interno y la soberanía nacional, así como el compromiso del nuevo gobierno para velar por la seguridad ciudadana.
Tras jurar como presidente constitucional de Bolivia, Paz desfiló alrededor de la Plaza Murillo para la entrega de los últimos dos bastones de mando, uno de carácter espiritual, asociado a la protección y guía ancestral del nuevo gobernante electo; y otro, con carga política y comunitaria, en representación del reconocimiento por parte de autoridades originarias.
En puertas de la Catedral de La Paz, se procedió a la bendición de un bastón de mando a cargo del arzobispo emérito de Sucre, Jesús Juárez, acto protocolar que destacó la fe de la nueva autoridad y anunció un acercamiento entre la religión y el Estado.
La investidura de Paz marcó una diferencia frente a los rituales ancestrales que caracterizaron las ceremonias oficiales de los gobiernos anteriores del Movimiento al Socialismo (MAS), actualmente con una representación minoritaria en el Congreso.
Los actos oficiales contaron con la presencia de cinco presidentes de países vecinos y representantes de 50 delegaciones internacionales, lo que evidenció el amplio reconocimiento de la comunidad internacional a la investidura de Rodrigo Paz Pereira.
