Desde que en un inmodesto e iluso afán de tener mejor vida el ser humano comenzó a dominar la naturaleza, ríos, aire, mares y bosques se vieron afectados por su mano depredadora. Uno de los mayores desafíos del presente siglo, junto con la prevención de una guerra de gran magnitud y evitar la concentración desmesurada del dinero en pocas manos, será la lucha contra la contaminación y la destrucción de la naturaleza. En este sentido, cabe reconocer que, así como los países más desarrollados son los que más deterioran la naturaleza, son muchos de aquellos los que más están logrando implementar medidas para frenar la devastación de la naturaleza.
Uno de los países que más han contribuido en la lucha ha sido y es China. Lejos de la imagen de un monstruo de manufactura e industria, el gigante asiático se ha posicionado como un líder en la carrera por las energías limpias y la sostenibilidad, pues promovió el avance tecnológico en ese sentido y estableció récords de implementación que benefician a todo el mundo. Solo en 2024, China destinó 625 mil millones de dólares en energías limpias, lo que representa casi un tercio de toda la financiación mundial en este sector.
China se ha propuesto objetivos concretos, como bajar las emisiones de gases de efecto invernadero y aumentar la proporción de combustibles no fósiles en su consumo energético. En este escenario, con el gigante asiático liderando, cabe preguntarse si es el modelo comunista y dictatorial el más apropiado para tomar este tipo de medidas. No obstante, no parece haber relación de causa y efecto. Pues países democráticos han asumido también una conciencia real sobre el problema. Países como Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega lideran el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial, mostrando al mundo un progreso notable en la integración de energías renovables y en la eficiencia de sus sistemas energéticos. India también avanzó con programas para expandir la energía solar en los tejados.
El esfuerzo, sin embargo, debe ser colectivo y ser asumido progresivamente por los países subdesarrollados, pues la contaminación y la degradación de los ecosistemas no respetará fronteras nacionales. La devastación de la naturaleza que ocasiona una potencia puede afectar a un país pobre que está a su lado, y viceversa. Con todo, hay que dar paso al optimismo, pues, así como hay hombres corruptos e inescrupulosos, también los hay conscientes e inteligentes, que toman cartas sobre los asuntos que afligen a la humanidad. El ser humano siempre fue villano y héroe. La carrera verde es global y sobre ella la buena prensa deberá ir concienciando cada vez más frecuentemente.
En Bolivia se puede hacer mucho en este sentido. Durante 20 años el gobierno se dedicó a ser complaciente con mineros auríferos, interculturales y agroindustriales, quienes causaron graves daños a la fauna y flora. Ello debe cambiar con el nuevo gobierno. En realidad, todos debemos asumir un estilo de vida en pro de la Casa Común.
¡Todos contra la contaminación!
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