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¿Qué nos espera con los nuevos asambleístas?

¿Qué le espera a Bolivia con la nueva Asamblea Legislativa? Los resultados electorales reconfiguraron el panorama, marcando el fin de 20 años del populismo autoritario del Movimiento al Socialismo (MAS) y posibilitando la emergencia de un Parlamento fragmentado, lo que significará un sistema de pesos y contrapesos de fuerzas y una cultura de negociación y consensos para la gobernabilidad.
La principal fuerza política es ahora el Partido Demócrata Cristiano (PDC), liderado por el presidente electo Rodrigo Paz, que ha obtenido una mayoría de curules, aunque no absoluta, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores. Le siguen Libre y Unidad, consolidándose como bloques opositores de peso. Por otro lado, el MAS (en sus variantes masista y androniquista) vio reducida su representación, reflejando el desgaste de su proyecto y los cambios en las preferencias de los electores.
Este nuevo escenario plantea muchos desafíos, pero también oportunidades. La era de la aplanadora del MAS terminó, y con ello el diálogo y los pactos, cosas que el partido azul no practicaba, se vuelven imperativos. Para la bancada del PDC, el reto es aprender a gobernar sin una mayoría absoluta. Deberá construir alianzas, ceder posiciones y negociar con la oposición para aprobar leyes cruciales para reestructurar el país. Por otro lado, las fuerzas opositoras deberán actuar fiscalizando efectivamente, pero proponiendo leyes y participando en el debate de manera constructiva, a fin de encontrar soluciones para los problemas económicos, también morales y de valores, que deja el MAS.
Entre los temas urgentes están la resolución del tema del abastecimiento de carburantes, la reforma del sistema judicial y la institucionalización del Estado. La lucha contra la corrupción también será crucial y definitoria, pues no se debe olvidar que el país perdió billones de dólares debido a políticos inmorales e inescrupulosos que hurtaron de las arcas públicas fondos que debían servir a todos los bolivianos. Por último, deben ser tomadas en cuenta las políticas que encaren las crecientes desigualdades sociales, las cuales son parte de la explicación de la disfuncionalidad del Estado.
La mayor pluralidad de la Asamblea es, en muchos sentidos, un reflejo de la voluntad diversa del país, lo cual debe ser visto con cautela: como una oportunidad, pero también como un desafío. La complejidad de la situación invita a la madurez de los parlamentarios.
¿Cuál es el perfil de los nuevos parlamentarios? ¿Tienen solvencia ética, intelectual y cultural para sostener debates relevantes y con altura? Lo sabremos a partir de las siguientes semanas. La confrontación y los puñetazos deben ser dejados atrás y para siempre. Bolivia eligió un camino de pluralidad, y ahora corresponde a sus representantes convertir ese mandato en una gestión legislativa productiva. La historia observará atentamente y luego juzgará si la nueva ALP se convierte en un espacio de diálogo o si, por el contrario, sucumbe ante las viejas prácticas de la política altoperuana.

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