¡Que Dios salve a Bolivia!, exclamó el eximio Franz Tamayo. Se impone salvarla lo antes posible, del desastre que nos legaron los gobiernos de turno. De la crisis económica, que ha tocado fondo. De la frustración social, que ha provocado la diáspora de muchos compatriotas. Jóvenes, en la mayoría de los casos. El destino fue el Perú, Chile y también Estados Unidos de Norteamérica. Pese que nuestra economía estuvo “blindada”, como resultado del auge gasífero. “En toda su vida republicana, Bolivia no registró indicadores económicos tan altos como el año pasado”, afirmó el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Luis Arce Catacora, en junio de 2009. Tuvimos una bonanza económica, que fue desaprovechada por quienes detentaron el Poder. Que pretendieron perpetuarse en el gobierno. Ahora estamos pidiendo favores fuera de las fronteras.
“Bolivia se nos muere”, dijo el conocido estadista del Siglo XX, Víctor Paz Estenssoro. El gobernante que asumió las medidas revolucionarias de 1952 y paró la hiperinflación de los años 80. Su nombre es un referente en la historia del continente latinoamericano. Fue uno de los propulsores de la estabilidad política y económica. He ahí un ejemplo digno de ser mencionado. Hoy escasean líderes de esa contextura política. Sería como buscar una aguja en el pajar.
Quienes se harán cargo del Poder, próximamente, están conminados por la historia, a erradicar las nefastas manifestaciones de la crisis económica, consecuencia del agotamiento de los recursos gasíferos. Emprender la cruzada patriótica, convocando a los amigos y enemigos. Reiterando la vocación de servicio a la Patria y al pueblo boliviano. Con acuerdos oportunos e inmediatos. Con pactos que marquen avances. Con consensos que signifiquen el desarme espiritual. Que signifiquen el abandono de convicciones, principios, valores y opciones políticas cuestionables, solo por la reconstrucción de Bolivia y nada más. Despojándonos de intereses particulares.
Ojalá llegue mayor cantidad de combustibles, no importa su procedencia. Se agudizaron los problemas, ante la escasez de ese producto en el país. Nadie está en condiciones de vaticinar los días que vendrán a raíz de ello. La escasez de combustibles, la ausencia del dólar y el encarecimiento de la canasta familiar, siguen generando incertidumbre, que empaña el horizonte patrio. Parece que la mala suerte continuará incidiendo sobre el destino nacional.
El pueblo boliviano espera respuestas positivas. Su madurez política fue incuestionable el domingo 19, día del balotaje. La paz y la tranquilidad se impusieron de manera encomiable. El evento electoral se cumplió en consonancia con el cronograma establecido por las instancias respectivas. Pese a la crisis económica, más de siete millones de bolivianos se volcaron a las urnas para elegir a los futuros gobernantes. Lo hicieron ratificando la vocación democrática fortalecida en más de 40 años del sistema de libertades. Una vez más demostraron experiencia y sabiduría democrática.
En suma: nos urge salir de esa adversa situación.
Lo antes posible
Severo Cruz Selaez
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