“Ahora es cuando, palomitay”, dice la copla popular. De veras que es otra cosa con guitarra. Ha llegado el tiempo de honrar la palabra empeñada. Es inevitable, desde todo punto de vista. Quienes ofrecieron el paraíso en la tierra, tendrán que cumplir al pie de la letra. Quienes prometieron salvar Bolivia de su infortunio, tendrán que asumir ese papel de manera inmediata. Antes que la inflación, devaste su futuro e hinque sus dientes de león, en la carne de los menos favorecidos. Ojalá que retornen los combustibles, los dólares y la canasta familiar con artículos de consumo accesibles. Que la creación de nuevos empleos, evite la diáspora de nuestra juventud. Que el pasado ineficaz y derrochador no vuelva en desmedro del presente y del futuro. Que renazcan la esperanza, la certidumbre y la seguridad.
Ya pasó la hora de la baladronada electoral, de los discursos distraccionistas, de las ofertas que provocaron frustración e hilaridad en la ciudadanía. En adelante se impondrá la tarea de buscar la reconciliación nacional, el encuentro de quienes discreparon y coincidieron ideológicamente. De quienes estuvieron “enguerrillados”. El propósito es cerrar las heridas abiertas en el proceso del balotaje. Se debe tomar contactos, suscribir acuerdos y celebrar consensos, para lograr gobernabilidad y estabilidad política, en la actual coyuntura. Inspirados en los supremos intereses nacionales. La tarea no será fácil, sino difícil y crucial. Requerirá del concurso y sacrificio de todos quienes componen el país.
La población desea vislumbrar un futuro con mejores condiciones de vida luego del balotaje. Quienes se harán cargo del Poder próximamente, tendrán que viabilizar políticas que permitan superar el desastre nacional. Sus efectos frustrantes que profundizaron la pobreza y extrema pobreza, que el hambre asediara los hogares más humildes. Las cacerolas fueron mostradas vacías, a raíz de la pérdida del poder adquisitivo. La perspectiva será transformar esa situación, por otra que signifique un venidero llevadero.
Quienes fueron electos en la segunda vuelta, pervivirán en la memoria del pueblo boliviano. Ahora dependerá de sus acciones y actitudes, para reconstruir la Bolivia en ruinas. Para superar el desastre económico, que nos legaron los gobiernos de turno. El desastre económico que ha profundizado el hambre, la incertidumbre y la desesperanza. Una deuda externa de 13.345,40 millones de dólares, hasta finales del 2024. Se supone que gozan de la confianza ciudadana, ésta debería ser retribuida con trabajo fecundo. Con honestidad, transparencia y desprendimiento, desde el primer momento que sean gobierno. Deberían promover el desarrollo económico, que acabaría con la pobreza y extrema pobreza. Permitiría cubrir las necesidades básicas de la población. Particularmente en los rubros de educación y salud. Menos desarrollo económico, conllevaría menos empleo. Y menos bienestar social, obviamente. De ahí que se debía imponer el desarrollo sostenible, por la salud de Bolivia, indudablemente.
En suma: ojalá quienes fueron electos, respondan a las expectativas de la población.
Ahora es cuando
Severo Cruz Selaez
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