Antonio Tajani
La historia de América Latina se encuentra intrínsecamente entrelazada con la de Italia. Millones de italianos, con el mismo equipaje de esperanzas, coraje e ingenio, emprendieron desde la primera mitad del ochocientos la travesía marítima para brindar a sus familias una nueva vida al otro lado del mar. Hoy, a casi doscientos años del inicio de aquella heroica epopeya —que retomaba rutas ya surcadas con no menos audacia por nuestros exploradores, marineros y comerciantes—, es difícil concebir América Latina sin Italia.
Desde los inicios de la presencia europea en el Nuevo Mundo, los italianos han contribuido, con sus empresas, su cultura y sus valores, a un sólido progreso del continente latinoamericano, compartido siempre con las comunidades en las que se integraron. Sobre la base de esta extraordinaria herencia, y gracias también a una de las redes diplomático-consulares más extensas, Italia continúa hoy promoviendo asociaciones para el crecimiento común, estrechando nuevos lazos de colaboración, también en América Latina y el Caribe, con una región a la que el Gobierno Italiano observa con creciente atención.
Ayer inició en Roma la XII Conferencia Italia – América Latina y el Caribe, un fundamental encuentro bienal al que se ha invitado a los Ministros de Asuntos Exteriores de todos los países latinoamericanos y el Caribe. Este año, la cumbre llevará el significativo título de: “Italia – América Latina y el Caribe – una Alianza en Crecimiento”, y se plantea el doble objetivo de reafirmar la solidez de nuestros lazos, impulsados con gran compromiso en los últimos años, y de mirar juntos hacia el futuro, identificando prioridades y ámbitos de trabajo para el desarrollo de nuestros pueblos.
Los fundamentos de nuestras relaciones son extremadamente sólidos.
Con un intercambio comercial con Italia que supera los 33 mil millones de euros en 2024, América Latina acoge a más de 3.000 empresas italianas que emplean a más de 20.000 trabajadores, presentes en los más diversos sectores de la economía: energía, comercio mayorista, transportes, agroalimentario, infraestructuras. La facturación global de nuestro sistema productivo en América Latina asciende a más de 70 mil millones de euros.
También las relaciones con los países del Caribe han crecido considerablemente en los últimos años, gracias a una visión compartida de prioridades, siendo la principal la cuestión ambiental y climática, que representa un desafío existencial para toda la región, dados los riesgos del aumento del nivel de los océanos y los fenómenos meteorológicos extremos.
Nuestra red diplomático-consular en esta vasta región está compuesta por 33 Embajadas y Oficinas consulares. A ella se suma la presencia histórica de campeones nacionales como ENEL, ENI, Leonardo, Fincantieri y muchos otros. Este sistema, que opera en países con un notable componente de italo-descendientes, ha demostrado ser un formidable motor para la diplomacia del crecimiento, tema central de nuestra acción diplomática y de esta edición de la Conferencia. Desde México hasta Argentina, hay más de 2,5 millones de italianos inscritos en el Registro Consular y cerca de 40 millones de oriundos.
Gracias a la acción del Gobierno, Italia ha reforzado sus lazos con América Latina y el Caribe, como ha ocurrido, por ejemplo, con la reactivación del diálogo político con Perú y con diversos países del Caribe, y con el desarrollo de nuevas asociaciones de crecimiento con los gigantes regionales Brasil, México y Argentina, países que he visitado en el último año para fomentar, también mediante una serie de business forums, las mejores oportunidades de colaboración para Italia y sus empresas. Con este espíritu, hemos querido incluir a América Latina y el Caribe en el nuevo plan para impulsar la exportación italiana en los países extracomunitarios con alto potencial.
La sostenibilidad, el dinamismo del sector privado, un marco regulatorio moderno y transparente son ingredientes esenciales de activas economías que persiguen un crecimiento duradero y en beneficio de sus poblaciones, que a veces se ven amenazadas por la criminalidad, la inseguridad y la corrupción. Por este motivo, sostenemos la lucha contra estas amenazas con múltiples actividades desarrolladas a nivel bilateral y multilateral, incluso en el seno de la Unión Europea. Entre ellas, la iniciativa italiana Falcone-Borsellino e importantes programas regionales de la UE como EL PACCTO 2.0, COPOLAD 3 y EUROFRONT. El Instituto Ítalo-Latinoamericano (IILA), responsable de la implementación de diversos programas europeos, representa un instrumento valioso de nuestra colaboración. A través de estas iniciativas, hemos capacitado a más de tres mil magistrados y funcionarios latinoamericanos en el combate a las mafias, apoyando a las autoridades judiciales y promoviendo sistemas penitenciarios más seguros y respetuosos de los derechos humanos.
Pero, sobre todo, existe una dimensión de nuestras relaciones que no debe subestimarse y que es cada vez más importante en la actual coyuntura internacional. Se trata de la común pertenencia a un sistema de valores que, desde la antigüedad greco-romana y la cristiandad, continúan acompañándonos, y que en el pasado llevaba a definir a los países de América Latina y el Caribe como “el Extremo Occidente”. Una base sólida para defender conjuntamente lo que más apreciamos: la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales, la justicia, el Estado de derecho y el multilateralismo.
Estoy convencido de que la XII Conferencia Italia-América Latina y el Caribe – que anticipa de pocas semanas el Vertice UE-CELAC de noviembre en Colombia – constituirá una importante ocasión para afirmar la voz única de una comunidad unida y determinada a defender los valores de la paz, el desarrollo y la democracia.
Antonio Tajani es Ministro de Relaciones Exteriores de Italia.
