InicioSeccionesOpiniónVeinticinco años después… “Mi pueblo es un basural”

Veinticinco años después… “Mi pueblo es un basural”

Luz Castillo Vacano

Allá por la década de 1990, junto a un grupo de antropólogos, editamos varios números del periódico “Mi Comunidad”, con artículos y noticias de las provincias paceñas, especialmente de los municipios rurales. Uno de mis primeros artículos, bastante amateur, claro, titulaba “Mi pueblo es un basural” y describía la espeluznante cantidad de residuos sólidos, tanto plásticos como de todo tipo, depositados en los caminos, calles, plazas, canchas e incluso viviendas de varios de los centros poblados y comunidades de los municipios.
A más de veinticinco años, constato, con inmenso dolor, que la situación actual no es muy diferente. Las orillas de los caminos exhiben bolsas plásticas y botellas pet, tanto que lastiman el alma y no permiten crear una visión de futuro donde no tengamos esos residuos desparramados. Las fuentes de agua, como ríos, lagunas, ojos de agua y nuestro lago sagrado, de igual forma presentan playas, orillas y bordes llenos de residuos que incluso llegan a ser botes enteros en desuso, tanto de madera como de resina, como plásticos, material metálico, restos oxidados de carros y diversos objetos que se ennegrecen y pierden su forma conforme están expuestos a la intemperie.
Salvo algunas excepciones, como el municipio de Pucarani que realiza campañas de limpieza en los caminos y en el centro poblado, la mayoría carece de sensibilidad que posibilite emprender acciones comunales de recolección y limpieza, pero sobre todo de tratamiento de residuos sólidos. Es decir, pocos municipios rurales cuentan con rellenos sanitarios y la basura se acumula en las afueras del centro poblado, en las orillas de los caminos, en las fuentes de agua. Cuando el viento es frecuente las bolsas plásticas vuelan hacia todas partes, mezclándose con pastizales y cultivos, y cuando llueve el barro se mezcla con los deshechos. La chatarra que queda sobrante de los talleres mecánicos, no solo da mal aspecto a los centros poblados, sino que implica óxidos y aceites que, además, ennegrecen y penetran el piso.
Si bien son recolectados para su venta materiales como latas y otros objetos de aluminio, cartones, botellas pet en buen estado y relativamente limpias, así como huesos, no ocurre lo mismo con llantas, plásticos, baterías, telas usadas, empaques, tapas de botellas y animales muertos. Tampoco es frecuente hallar espacios para el compostaje de residuos sólidos orgánicos.
Corresponde entonces a cada municipio, entendiéndolo como sus autoridades y su población, asumir conciencia de este problema mediante la educación ambiental y efectuar acciones tanto en su planificación municipal, pero, sobre todo, en tanto acción comunal permanente –práctica olvidada–, es decir, la sociedad organizada no solo del municipio sino también los residentes y los voluntarios que se dedican a la protección del medio ambiente. Asimismo, los transeúntes de las vías públicas deben evitar consumir demasiados productos envasados y, más aún, evitar tirar los envases y otros en donde se les ocurra.
La basura es materia fuera de su lugar, por lo que exige un sistema para su tratamiento mediante los rellenos sanitarios, los basureros, los carros recolectores, las plantas de reciclaje, sumados a la concientización orientada a la disminución de consumo de productos cuyos empaques vayan a incrementar los basurales.
Como boliviana, espero que en otros veinticinco años no deba escribir lo mismo.

La autora es antropóloga.

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