No existen las coincidencias; cada suceso, por pequeño que parezca, está hilado con un propósito que escapa a nuestra compresión. Por eso hoy queremos elevar esta nota de gratitud a Dios. En nuestras vidas no operan las casualidades, sino las “Dioscidencias”, esos momentos donde la mano divina interviene de forma silenciosa pero contundente. Si bien es una palabra de creación reciente que no aparece en el Diccionario de la Real Academia Española, se usa en el ámbito cristiano para referirse a aquellos acontecimientos o coincidencias que los creyentes interpretan no como simple azar, sino como una señal o intervención de Dios. La palabra surge de la unión de “Dios” y “Coincidencia”, transformando esta última para darle un sentido espiritual.
Por ello, utilizando esta palabra agradecemos los días de luz y también los de oscuridad, porque allí hemos sentido su presencia. Agradecemos las puertas que se cerraron, pues nos protegieron de destinos que no nos correspondían; y agradecemos las que se abrieron justo a tiempo, como un abrazo cálido en medio del frio.
Entendemos que no caminamos al azar; cada persona, cada oportunidad, cada obstáculo forma parte de un diseño perfecto. A eso nos referimos con “Diosidencias”, Dios no juega a los dados con nuestro destino. Él está en el detalle, en la sincronía, en el “Justo a tiempo”.
Hoy agradecemos la salud, el pan, el amor de los nuestros. También las lecciones difíciles, que nos hicieron más fuerte. Agradecemos la fe, ese motor que nos impulsa a creer que lo mejor está por venir.
Gracias, Dios, por las bendiciones evidentes y las disfrazadas. Gracias por las “Diosidencias” que nos recuerdan que nada es al azar. Que tu voluntad siga guiando nuestros pasos y que nunca olvidemos que la mayor coincidencia es haber sido creados para amarte y servirte.
Te agradecemos hoy y siempre, Señor. Amén.
El autor es Abogado.
