Rumbo al 19O

Bolivia vive por primera vez en su historia una segunda vuelta electoral. En todos estos meses de frenética campaña, mucha agua ha corrido bajo el puente y muchas de las cosas que ayer eran centrales en los candidatos, hoy no son más que anécdotas o detalles menores. Porque así es la política (la politiquería): efímera, circunstancial. Pocas son las cosas (hechos, palabras) profundas que de verdad perduran en el tiempo. Los cuatro candidatos a la Presidencia y la Vicepresidencia han dicho de todo, se insultaron, prometieron maravillas y guardaron silencios elocuentes. Pocas cosas son seguras o se las puede creer. Una de ellas es que tanto Tuto Quiroga como Rodrigo Paz, pese a todo lo que se les pueda criticar, han demostrado en el recorrido amplio de sus vidas ser demócratas. No se puede decir lo mismo de los candidatos a la Vicepresidencia, que hasta hace pocas semanas eran desconocidos. Y lo que ahora se conoce de ellos no son precisamente virtudes o cualidades de estadistas. De hecho, J. P. y Lara han demostrado una notable ignorancia en temas de Estado, ciencia política, economía y áreas afines. Se han vuelto célebres, sí, pero por polémicas escandalosas que incluyen discursos de odio y racismo o promesas que cualquier ciudadano con dos dedos de frente sabe que no se podrán cumplir, al menos no en el corto plazo.
En este tramo de la campaña electoral las promesas, palabras y discursos de los candidatos a la Presidencia se han vuelto repetitivos, redundantes; ya no hay muchas cosas nuevas que decir. Por lo mismo, se percibe un hartazgo generalizado en la población, que parece ya querer ir de una vez a las urnas para elegir al siguiente gobierno. Los mismos medios de comunicación –impresos, radiofónicos, escritos– ya no pueden innovar sus preguntas, pues al parecer todas ya fueron hechas. Lo que queda es una seguidilla de apariciones repetitivas, monótonas y aburridas de los candidatos.
Con todo, no se debe perder de vista que quienes gobiernen el país los próximos 5 años a partir del 8 de noviembre, deben poseer solvencia política, moral, intelectual y cultural para sacar a Bolivia del hoyo en el que la dejan 20 años de populismo autoritario, en los que la corrupción y la impunidad se han vuelto casi la norma, en vez de la excepción. Cada propuesta, tanto la de Tuto como la de Rodrigo, tiene sus propios matices, fortalezas y debilidades, pero no hay que olvidar que la situación en que hoy está Bolivia hace que la candidatura que saque al país adelante deberá tener un medio para que entren dólares y una voluntad política para reformar la justicia y reintroducir méritos y capacidades en las instituciones públicas. Sin esas condiciones imprescindibles, el país no podrá salir a flote.
Los candidatos a la vicepresidencia han generado mucha controversia, pero lo más posible es que pasen al anecdotario de la escabrosa historia de Bolivia una vez pase el balotaje. No hay que olvidar, pues, que Bolivia y su cultura política son altamente presidencialistas, es decir, que le dan una importancia muy grande a la figura del presidente. Consecuentemente, no habría que temer mucho por lo que Velasco y Lara puedan hacer o no. Por ninguno de ellos pasará la solución.

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