La cultura autoritaria en Bolivia se remonta a siglos atrás y lamentablemente un simple cambio de gobierno no la eliminará, al menos no en el corto plazo. En la política, esta cultura se demuestra en el deseo de los gobernantes de mandar con mano de hierro o de que todo el mundo esté a su merced. Y como las instituciones están administradas por personas de carne y hueso, aquellas tienen ciertos dejos autoritarios que dificultan la sana praxis democrática. Es el caso, entre muchos, del TSE, que por petición del SIFDE (Sistema Intercultural de Fortalecimiento de la Democracia) pretende multar a tres medios de prensa escrita (dos periódicos de circulación nacional y dos portales digitales de noticias) por haber éstos publicado tres columnas de opinión de tres analistas: el periodista Carlos Valverde, el activista Manuel Morales y el abogado Augusto Vera Riveros.
Hace unos días, el mundo de la prensa escrita amaneció con la ingrata noticia de que el TSE pretendía multar económicamente a Correo del Sur, Urgente.bo, Brújula Digital y esta casa periodística que cuenta con más de 120 años de recorrido, por haber publicado notas de opinión que, según la institución electoral, o favorecieron o perjudicaron a alguno de los candidatos de las elecciones nacionales. Según el TSE, esos artículos vulneraron la Ley 026, que prohíbe la publicación de textos electorales días antes de la jornada electoral y el día de la votación, ley que, dicho sea de paso, transgrede la Ley de Imprenta y la CPE, pues ésta en su artículo 106 garantiza la libertad de expresión.
Hay algo peligroso y grave en este asunto: si la Sala Plena del TSE decide censurar los tres artículos de opinión, además de cometer una arbitrariedad contra los medios que las publicaron y sus respectivos autores, estaría abriendo una puerta a la censura de textos de opinión que minuto a minuto son publicados en las redes sociales o en soportes virtuales, como los blogs. No vamos a decir que un par de días antes de las elecciones o el día mismo de estas no hubo miles de publicaciones que realmente o favorecían o perjudicaban a uno u otro candidato… Entonces, ¿habría que censurarlas o vetarlas?
No olvidemos que la libertad de expresión (que no de difamación o de publicación de noticas falsas o calumnias infundadas) es esencial en un país que se precie de ser democrático. Decir lo que uno quiere es base de un sistema de libertades ciudadanas inalienables que sustentan la democracia. En el caso que atañe a EL DIARIO, esta casa periodística ha sido blanco de un ataque sistemático por parte del régimen antidemocrático y populista de 20 años del MAS, sin que la calidad de su periodismo decaiga. La nota del columnista Augusto Vera Riveros, titulada “Hablemos de campañas… y campañas” y publicada el 15 de agosto, no hace sino un análisis crítico de las campañas de los candidatos, sin “favorecer” ni “perjudicar” a ninguno de ellos. Por tanto, EL DIARIO rechaza enfáticamente la eventual censura que pueda hacer el TSE.
La prensa libre e independiente debe mantenerse vigilante y unida frente a este tipo de arremetidas autoritarias. ¡Basta de atentar contra la libertad de expresión!
¡Basta de atentar contra la libertad de expresión!
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