Para la campaña electoral destinada a elegir presidente y vicepresidente, así como diputados y senadores, se han presentado candidatos que pueden ser considerados como los interesados en resolver los grandes y pequeños problemas del país. Algunos de esos personajes no tenían partido político y prefirieron “alquilar” siglas de organizaciones partidarias y así solucionar su problema.
Los candidatos presidenciales fueron siete y las elecciones generales de agosto eliminaron a cinco, quedando en la lucha por el poder solo dos de ellos y en quienes cifran sus esperanzas los ciudadanos que van a votar el 19 de octubre en una segunda vuelta electoral.
Todo lo ocurrido está bien en la formal, pero salta a la vista que los candidatos no hacen conocer en detalle el contenido de los programas de gobierno con los que ofrecen sacar al país del abismo y conducirlo por el sendero del progreso. Es posible, sin embargo, observar que tienen algunas ideas y que las hicieron conocer por algunos medios de comunicación, pero no lo han hecho de forma escrita, de tal forma que quede establecido con claridad lo que dicen y no se lo lleve el viento.
En particular los candidatos a presidente han sido cautelosos y si bien pudieron decir algo, no figura detalladamente en la prensa, lo cual origina dos problemas: no se sabe con exactitud qué es lo que piensan, o si les interesa más la figuración, es decir, poder aparecer en fotografías o eventos sociales.
Pero, yendo al fondo del asunto, se observa a simple vista que los candidatos no tienen en cuenta la diferencia entre lo principal y lo secundario y más se dedican a los efectos que a las causas, por lo cual la ciudadanía no tiene por quién escoger y votar y sólo se orienta por sus declaraciones parciales y sus aparatosas apariciones en público.
Por ejemplo, candidatos de todos los niveles no han formulado declaraciones acerca de la falta de dólares en el país y la causa de ese magno problema, que en noviembre va a estallar como poderosa bomba, o poco menos. No se dice que la falta de dólares es la causa principal de la crisis económica y política que sufre Bolivia y, en particular, no revelan cómo podrán obtener suficientes dólares para adquirir de manera permanente productos esenciales como gasolina, diésel, alimentos, medicamentos, insumos., etc. Tampoco se sabe qué harán ante la fuga de divisas, desde que durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada se eliminó el control de divisas y se estableció, en cambio, un sistema flexible, lo que significa no contar con suficientes dólares y empeorar la situación del país.
Ese tema capital no ha sido tratado por los candidatos, lo que querría decir que la economía va a estar igual o va a empeorar, ya que, como dijo el presidente de YPFB, esa entidad va a pasar la papa caliente a manos del nuevo gobierno que, como se ve, no estaría tomando en cuenta la gravedad del embrollo y se está metiendo en un callejón sin salida.
Los presidenciales, diputados y senadores y sus partidos se habrán preguntado ¿cuál es la causa de la falta de dólares y por qué las RIN cayeron a niveles ínfimos, después que llegaron a 15 mil millones de dólares? ¿Sabrán de dónde venían antes esos dólares y cómo se puede volver a llenar los caudales del Banco Central y evitar la total paralización de la economía? Si no se quiere los sobresaltos de una conmoción social.
Finalmente, antes de prejuzgar sobre ese y otros temas, sería lógico que los interesados en la silla presidencial y los asientos de las cámaras legislativas, digan ¡esta boca es mía!
