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La pequeñez de Chile ante agravio diplomático

Raúl Ruiz Roca

El reciente pronunciamiento de la diputada chilena María Luisa Cordero, quien desde su escaño deslizó la teoría pseudocientífica y xenófoba de que “los bolivianos son tontos por la falta de oxígeno al nacer en la altura”, ha puesto en evidencia las tensiones latentes en la relación bilateral que se reflejan aún más en época electoral. Más allá del agravio, el episodio revela la facilidad con que se fracturan los puentes del diálogo cuando prima la ignorancia.
Lo grave no es solo el contenido ofensivo de sus palabras, sino que provengan de una representante oficial de un país vecino. Este tipo de declaraciones no son anecdóticas, son síntomas de una narrativa de desprecio que dificulta cualquier avance sustancial en temas sensibles, como los fronterizos o la histórica reivindicación marítima boliviana. La inteligencia de un pueblo no se mide en metros sobre el nivel del mar, sino en su capacidad de responder con dignidad ante la provocación.
Frente a este exabrupto, las primeras reacciones desde Bolivia no se hicieron esperar, aunque cayeron en el mismo tono chabacano que se pretendía condenar, llegando al extremo de que un Viceministro replique citando una publicación de una revista de hace años, donde se publicó que el miembro viril de los chilenos era el más reducido de América. Cambiando el debate de altura por una triste competencia de insultos bajos. La diplomacia cedió su lugar al sarcasmo, y en ese intercambio, ambos países perdieron.
No obstante, corresponde ahora al Estado boliviano actuar con la mesura y firmeza que exige el derecho internacional. Nuestra Cancillería debe presentar una nota de protesta formal ante el Consulado General de Chile en La Paz, un documento preciso y contundente que deje establecido el carácter injurioso e inaceptable de las declaraciones de la parlamentaria. No se trata de un mero trámite, es la vía para exigir un límite oficial al gobierno chileno y para que reafirme su compromiso con las normas de convivencia internacional.
El verdadero desafío para Bolivia reside en no replicar la bajeza, considerando de quien viene, sino en elevar la controversia al terreno que corresponde, al derecho, a la razón y a la dignidad. Chile, por su parte, tiene la oportunidad de demostrar que tales opiniones no reflejan su posición oficial y que respeta a sus vecinos. Por lo que no es suficiente que el Canciller chileno se manifieste por su cuenta de X, debiendo hacerlo a través de un documento oficial que la Cancillería de Chile debe presentar a Bolivia para el desagravio de las declaraciones ofensivas de su diputada.
Una “Nota Diplomática de Desagravio”, es el instrumento de comunicación formal por excelencia entre los Estados y sus representaciones diplomáticas. Con el propósito específico de disculparse o reparar una ofensa, la que debe ser dirigida formalmente desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile al Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia, reconociendo los hechos (las declaraciones de la diputada). Aclarando que dichas declaraciones no representan la postura oficial del Gobierno de Chile, expresando pesar, arrepentimiento o una disculpa formal por el agravio causado, reafirmando el compromiso chileno de mantener relaciones de respeto y cordialidad con el Estado boliviano. Obviamente fundamentados en el derecho y la práctica diplomática, una práctica estándar en el derecho internacional y en el protocolo diplomático para manejar incidentes en los que un nacional de un país (en este caso una funcionaria electa, aunque no represente al gobierno) que ofende a otro país soberano. Con el objetivo de evitar que el incidente escale y dañe las relaciones bilaterales, considerando aún más la histórica y compleja relación entre Bolivia y Chile, mecanismo necesario para calmar las aguas y demostrar que el gobierno chileno no avala este tipo de comentarios.
Este incidente, amplificado por su doble sentido y miseria intelectual, funciona como una prueba. Una prueba para Chile, para demostrar que su política exterior se basa en el respeto y no en complejos de superioridad. Y una prueba para Bolivia, para confirmar que su dignidad se defiende con la solidez de las instituciones, no con la frivolidad del insulto. Al final, la verdadera altura de las naciones se mide por la decencia de sus actos.
¡Viva Bolivia, hacia el mar!

El autor es Abogado y ex Cónsul de Bolivia en Chile.

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