Con regularidad, personas de buena fe piden, por medio de la prensa nacional, atraer inversiones extranjeras, pero esa demanda no tiene mayor significación por diversos motivos. El asunto no es sencillo, por escollos insalvables, tanto por la situación internacional, como por problemas internos que, además, no son pocos.
En primer lugar, la llegada de inversiones se dificulta porque hoy en Bolivia no existen las garantías que requieren. Por ese obstáculo, la atracción de inversionistas es nula, pues ellos toman en cuenta anteriores nacionalizaciones de empresas foráneas. En algunos casos, tribunales internacionales han ordenado indemnizaciones por tales nacionalizaciones e inclusive mucho más, por daños y perjuicios.
Por otra parte, inversionistas extranjeros no se animan a venir debido a que siguen vigentes limitaciones y prejuicios provincianos. En particular, se repiten experiencias del pasado, en especial en minería. De otro lado, la posibilidad de invertir en nuestro país gira solamente en torno a la minería, pues otras fuentes de trabajo son escasas y, además, se presentan dificultades, como la falta de mano de obra especializada. Otro escollo insalvable consiste en la volatilidad de los precios de venta de materias primas que, a medida que pasa el tiempo, varían o disminuyen por avances tecnológicos modernos.
Por tener sensibilidad extraordinaria, los inversionistas están atentos a movimientos de la bolsa, para frenar o impulsar sus actividades o, finalmente, retirarse del país con diversos pretextos, para cobrar indemnizaciones al Estado. En fin, este asunto de las inversiones no es tan simple. Los capitales extranjeros huyen ante cualquier cambio de tiempo y este aspecto debe ser tomado en cuenta, pues los movimientos laborales son radicales, pese a que las nacionalizaciones los perjudican. Es decir que luchan contra sus propios intereses, como ocurrió en tiempos recientes con numerosos empresarios que estaban interesados en explotar diversas minas.
Considerando esas características actuales de las inversiones extranjeras, solo se las podrá atraer cuando el régimen económico laboral sea totalmente democrático y los capitalistas se interesen en promover el desarrollo y sus actividades sean garantizadas. Por otro lado, se debería evitar que inversores hagan saqueo de recursos naturales, sino que inviertan en Bolivia para abrir mercados internos, a fin de asegurar el éxito de sus iniciativas.
No es, pues, fácil atender los deseos de quienes claman por la venida de capitales externos a Bolivia, ya que las dificultades son inmensas. Solo haciendo desaparecer escollos, vendrán inversionistas al país, con energías renovadas y el apoyo público y del mismo Estado. Es un tema que merece más consideraciones, para encontrar una opinión uniforme, aspecto que, con seguridad, será analizado por el próximo nuevo gobierno.
Sin condiciones internas, inversiones no vienen
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