Entre los múltiples protagonistas del proceso fundacional de Bolivia, pocos recuerdan al sacerdote y orador potosino Manuel Martín Cruz Cuiza, quien fue el primero en proponer que el nuevo país, nacido en 1825, se llamara “Bolivia”.
La mayoría de sus biógrafos coinciden en que nació en las faldas de un lugar llamado Paco Chico, situado al oeste de la ciudad de Potosí. Sus padres fueron Melchor Cruz y Flora Cuiza, ambos Jatun Runas de Paco Chico, es decir, descendientes de una familia indígena.
Más adelante, el pudiente potosino Fernando Balcázar auspició su educación en dicha ciudad. Posteriormente, Manuel estudió en la Universidad de San Francisco Xavier, donde obtuvo los títulos de Doctor en Derecho y Teología, y fue ordenado sacerdote por su marcada vocación religiosa.
Una de las pocas descripciones físicas conocidas de Manuel aparece en la columna titulada “Manuel Martín Cruz, padrino de Bolivia”, escrita por Saturnino Mayorga y publicada en EL DIARIO, el 26 de agosto de 1975: “…era de pequeña estatura, tez cobriza, de cuerpo bien formado, ojos negros, pequeños y muy expresivos, nariz prolongada y espaciosa frente”.
En el campo intelectual, dominaba el latín y el griego, traducía el sánscrito y el hebreo, y además hablaba francés. Asimismo, tenía profundos conocimientos en matemáticas, física y gramática.
En este marco, una vez firmada el Acta de Independencia del Alto Perú, la Asamblea General decretó el 11 de agosto de 1825 la denominación del nuevo Estado como: Artículo 1º “…República de Bolívar…”, en homenaje y reconocimiento al Libertador Simón Bolívar.
Dos meses después, Manuel Martín Cruz tomó la palabra ante la Asamblea y con una exposición gramatical que buscaba una derivación correcta, exclamó: “¡De Rómulo, Roma; de Bolívar, Bolivia!”.
Gustó a los congresistas la propuesta, por lo que, mediante el Decreto de 3 de octubre de 1825, se sustituyó el primer nombre por el de “Bolivia”. Sobre dicho personaje, fue elegido en varias oportunidades como representante por Potosí a distintos congresos, entre los años 1825 a 1851.
De esta manera, recordamos la figura de un fundador de nuestro país que merece un lugar destacado en la memoria histórica, no solo por haber propuesto el nombre que hoy identifica a la nación boliviana, sino también por su profundo compromiso con la educación y el pensamiento ilustrado.
El sacerdote que dio nombre a nuestro país
José E. Pradel B.
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