P: ¿Hay algún momento del que se acuerde, cuando surgió la idea que se convertiría en La hora de la desaparición?
ZACH CREGGER: Uno de mis mejores amigos murió inesperadamente. Creo que hay momentos en los que los guionistas escriben desde un lugar de ambición y, quizá no sea la forma más saludable de hacerlo desde el punto de vista creativo. Pero yo me encontraba en una situación tan grave y dolorosa que pude escribir por pura necesidad, sin tener ni idea de lo que iba a ser.
Cuando escribo, tengo una regla: no quiero saber qué va a pasar. Siempre, simplemente, empiezo. Así que me senté a escribir lo que se convertiría en esta película y lo primero que escribo es una niña que cuenta una historia y unos niños que salen corriendo de casa. Y mientras escribo, pienso: “Esto es cool. Espero descifrarlo”. Y no lo descubrí realmente hasta que llegó el momento en el guión de responder a esa pregunta. Básicamente, escribo en una cuerda floja, esperando a que se me revele. Por suerte, en este caso, sí sucedió.
Pero sólo escribía para desahogar el sentimiento y ahora resulta que se convirtió en La hora de la desaparición. Creo que cuando escribí Bárbaro, sucedió algo parecido. Me senté y empecé a escribir por diversión, sin tener ni idea de lo que resultaría. Me fue posible tener ese mismo proceso para esta historia, donde no sabía lo que la película sería hasta que escribí “el final”. Ahora, con toda honestidad, escribí un primer borrador que era realmente malo. Entonces, Bárbaro salió. Luego, tomé ese primer borrador y le di la forma necesaria para que pudiera ser una película.
P: Bárbaro es un acto muy difícil de seguir.
ZACH CREGGER: Bueno, después de Bárbaro, realmente quise que lo siguiente fuera algo que me retara a ser más grande, a ser mejor. Quise hacer algo mucho más ambicioso, no sólo en términos de tamaño y escala, sino con muchas más partes movibles y una estructura mucho más desafiante. Quise que fuera más arriesgada, pero igual de demencial. A veces, cuando la película es más grande, es posible que quieras ir a lo seguro, pero yo quería ir en la dirección contraria y ser tan raro como fuera posible. Así que estoy muy orgulloso de decir que es una película más grande y rara que Bárbaro, y eso es más o menos lo que tenía en mente cuando empecé a escribirla.
P: Como realizador, ¿qué se quedó contigo de esa película?
ZACH CREGGER: Creo que, sobre todo, he ganado mucha más confianza. Durante todo el proceso, me preguntaba: “¿Sé lo que estoy haciendo? ¿Estoy a la altura de hacer y dirigir una película?”. Y creo que con Bárbaro me demostré a mí mismo: “Sí, puedo hacerlo”. Así que, definitivamente, entré con un poco más de confianza. La lección más importante que aprendí fue que debía dejar de prestar atención al ruido que me rodea, para enfocarme en esa pequeña voz creativa que es tan fácil de ignorar. Es tan silenciosa y pequeña. Y en medio del caos de la producción, esa vocecita me dice: “Oye, empieza de nuevo. Esto no está bien y tal vez deberíamos pivotar”. Me parece que, durante Bárbaro, a veces anulaba esa voz; por la presión, el dinero, el tiempo en juego. Pero durante el rodaje de La hora de la desaparición, fui capaz de decir: “Todo el mundo, pausa. Esto no está bien. Pero sé lo que tenemos que hacer”. Creo que eso fue algo valioso y dudo que hubiera podido hacerlo si no hubiera hecho Bárbaro.
P: Entonces, ¿qué es realmente La hora de la desaparición?
ZACH CREGGER: La pregunta central que se plantea esta película desde la primera página es: “¿Por qué? ¿Por qué un aula completa de niños decidió, la misma noche a las 2:17 de la madrugada, levantarse de la cama, bajar las escaleras, abrir la puerta principal, salir a la oscuridad y no volver jamás? ¿Qué tiene este grupo? ¿Por qué no lo decidió así la otra aula de tercero? ¿Fue un plan? ¿Es algún tipo de control mental alienígena? ¿Es cosa del gobierno? ¿Es una broma? ¿Qué puede estar haciendo esto?”. Sin saber la respuesta a esa pregunta cuando empecé a escribir, pensé que era bastante convincente. Me resultó fácil encerrarme en la mentalidad de un padre que exige respuestas o de la profesora que no tiene ni idea. ¿O no la tiene? No lo sé. No voy a decirlo. Pero ya había todas estas jugosas perspectivas de personas que tienen la tarea de resolver este caso o que tienen mucho en juego para resolverlo. Así que fue fácil empezar con esa pregunta.
Es una película que empieza rara y creo que termina mucho más rara, pero también se mantiene con los pies en la tierra tanto como puede. Es una película que obedece las reglas de su universo en particular, así que no se convertirá en una extraña pesadilla alucinógena ni nada por el estilo. Pero es una película con vuelcos y llena de giros. Es decir, es una película que se reinventa a sí misma cada 20 minutos, sin dejar de ser fiel al motor central. Pero también es una película divertida. Es divertida, da miedo, es atractiva. No es una película lúgubre y taciturna, y sin embargo, la historia que cuenta está, realmente, jodida.
P: Esta película sorprende constante y verdaderamente. Es una proeza en sí misma.
ZACH CREGGER: Como alguien que ha visto millones de películas a lo largo de su vida y las ama profundamente, es difícil tener una historia que sorprenda y que no veas venir desde el momento en que ves el tráiler… o al menos a los diez minutos. Creo que a los diez minutos ya sé por dónde va a ir la película. Me atrevo a decir que ese no es el caso de La hora de la desaparición y es muy importante que eso se mantenga para las personas que la vayan a verla después de la primera ronda de funciones. Creo que es muy importante proteger eso [mantener el elemento de sorpresa]. Supongo que esto es una forma de decir: “Por favor, no estropees esta película a tus amigos y les cuentes lo que sucede. No te metas en Internet y seas un troll. Permite que la gente viva su experiencia pura al verla, como tú”.
