InicioSeccionesEditorialEl debate, evento que debe volver a ser una costumbre

El debate, evento que debe volver a ser una costumbre

Durante 23 años nos desacostumbramos a ver y escuchar debates políticos. No olvidemos que Evo debatía solo “con el pueblo” … El último debate que se había realizado en Bolivia fue en 2002, organizado por la Asociación de Periodistas; en él, estuvieron Goni, Jaime Paz Zamora, Evo Morales y el Mallku.
En las elecciones de octubre de 2020 se hicieron dos debates, los cuales en realidad fueron foros de exposición de propuestas y no debates como tal. En el primero de ellos estuvieron varios candidatos como Carlos Mesa, Jorge Tuto Quiroga, Luis Arce o Luis Fernando Camacho, pero en el segundo faltaron ya Camacho y Arce. Como dijimos, los candidatos expusieron sus propuestas sobre todo vinculadas con la economía, pues para entonces el área económica boliviana ya era primordial, debido sobre todo a la corrupción y la malversación de fondos públicos, perpetradas por un régimen socialista de 15 años. Aquellos foros que, repetimos, de debate tuvieron poco o nada, fueron espacios en que los candidatos no confrontaron ideas o propuestas, sino que se limitaron a responder preguntas de un largo cuestionario leído por los moderadores del evento. Eso no es debatir.
No obstante, hace unos días se registró un verdadero debate presidencial, para bien de la democracia. La noche del domingo 20 del corriente mes, la red Unitel organizó un debate entre los cuatro candidatos a la Presidencia con mayor intención de voto en las encuestas: Samuel Doria Medina (Alianza Unidad), Jorge Tuto Quiroga (Libre), Manfred Reyes Villa (APB-Súmate) y Andrónico Rodríguez (Alianza Popular, una de las versiones del MAS). Fue una confrontación de pareceres y visiones, en la que además los candidatos se encararon y preguntaron entre sí, como debe ser en lo que se llama debate. Solamente debatieron tres candidatos, pues el ausente fue Andrónico Rodríguez, cuyo atril se veía vacío… Cuando una periodista televisiva preguntó un día después a su candidata a la Vicepresidencia, Prado, por qué Andrónico no había asistido, aquella dijo que quien desea ser presidente no estuvo porque había tenido una entrevista en otro canal, a lo que la periodista respondió que esa entrevista había sido grabada y no en vivo, a lo que la candidata respondió con evasivas…
El asunto es que quienes sí dieron la cara debatieron sus propuestas. Más allá de que se esté a favor o en contra de Samuel, Tuto o Manfred, la verdad es que un espacio así es muy saludable para la democracia porque el debate permite conocer no solo ideas y propuestas, sino la capacidad dialéctica y de razonamiento de los candidatos, amén de las respuestas que dan a preguntas probablemente incómodas para ellos. Eso permite que el electorado vote no por sentimientos, sino por razones. Permite transparentar las propuestas y cotejarlas.
Estar en un debate es un acto de valentía y espíritu democrático. Veinte años de masismo, catorce a la cabeza de alguien que solo debatía con “el pueblo” y cinco a la de otro de muy pocas luces, hicieron que el boliviano no viera este tipo de eventos. Reconstruir la democracia pasa también por normalizar otra vez los debates.

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