Este 28 de julio, el Perú celebra 204 años de independencia, una fiesta que debería resonar también en el corazón boliviano, porque nuestra historia es una sola herida y un solo latido desde tiempos inmemoriales. Somos hermanos tallados en la misma piedra milenaria, caminando hoy de espaldas desaprovechando la fuerza de la hermandad binacional, pese a las pruebas de los últimos hallazgos que gritan la verdad histórica que expresamos en nuestra nota de opinión de El Diario 11/06/2025 (“Las Manos” que unen Beni con Nazca), en la que se confirma el intenso intercambio entre los pueblos prehispánicos de la Amazonía boliviana del Beni y los genios del desierto de Nazca en Perú; lazos invisibles de cultura y comercio tejidos a través de selvas impenetrables y arenas ardientes, donde ancestros de sabiduría profunda, veían en la unión la fuente de la vida y el progreso. Pero ahora nosotros, herederos de su grandeza, permitimos que la desconfianza y la miopía política nos mantengan desconcertados.
Pero la geografía es un poema de complementariedad, que nos muestra que el Perú despliega su majestuoso Mar de Grau, 3.080 Km de costa, una puerta dorada al Pacífico y al mundo. Bolivia, enclavada como el corazón geopolítico de Sudamérica, ofrece sus cinco fronteras, sus ríos poderosos y sus rutas terrestres, uniendo como nadie el Atlántico con el Pacífico.
Juntos somos una potencia dormida, un gigante geoeconómico desperdiciado. El mar peruano podría ser la salida soberana que Bolivia anhela. Bolivia podría ser el puente continental que impulse el comercio peruano hacia nuevos horizontes.
Un potencial monumental ahogado en un charco de excusas, como los bloqueos esporádicos, discusiones eternas sobre garantías mínimas, pequeñas rencillas arancelarias, que son solo sombras diminutas proyectadas por mentes pequeñas, sombras que oscurecen el sol radiante de la oportunidad que perdemos cada día. Mientras nos miramos con recelo, el mundo avanza, y nosotros, poseedores de una herencia cultural única y una posición geográfica envidiable, nos estancamos en desencuentros estériles, manteniéndonos sin tendernos un puente definitivo, sin darnos cuenta de cuánta prosperidad hemos dejado de construir mutuamente.
Que este aniversario del Perú, sea más que una conmemoración, sea un momento especial para sacudirnos el polvo de la desunión, para dejar atrás las suspicacias del pasado reciente y abrazar con audacia el futuro común que nos dicta nuestro pasado glorioso.
Imaginemos venas comerciales fluyendo libres entre nuestros territorios, camiones y barcos moviéndose como la sangre en un solo cuerpo. Soñemos con acuerdos inteligentes que derriben murallas mentales, haciendo que lo producido en Bolivia o Perú circule sin trabas en el país hermano. Fortaleciendo nuestra identidad compartida, promoviendo un turismo simultáneo como un solo viaje sagrado, impulsando intercambios que entrelacen nuestras juventudes, presentándonos al mundo como un solo bloque con músculo, defendiendo juntos nuestros intereses y atrayendo inversiones con la fuerza de la unidad.
Este 28 de julio, honremos la independencia del Perú, enalteciendo nuestra independencia vital, dejemos de darnos la espalda, miremos hacia el frente, como hermanos que se reconocen en el mismo espejo de la historia, entrelacemos nuestras manos y nuestros destinos con la misma audacia con la que nuestros ancestros tejieron sus redes de integración e intercambio comercial y cultural desde lo profundo de la selva amazónica al desierto costero, resaltando su sabiduría, pensando en grande con coraje y unidad, porque juntos somos un solo corazón, que late con fuerza imparable. ¡La unión es la fuerza!
Bolivia y Perú, un solo corazón
Raúl Ruiz Roca
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