Ser adulto implica: madurez, responsabilidad, seriedad, control de s sentimientos, conducta ejemplar, pero en la realidad ocurren hechos que lejos de convertirnos en personas equilibradas y dichosas, nos conducen en ocasiones a frustraciones y a soslayar, por impropias de nuestra edad y de nuestro estatus de padres, propuestas que nos proporcionarían mucha satisfacción, a pesar de las críticas que podríamos recibir de nuestros propios hijos.
¿Ejemplo? Jugar baloncesto, fútbol, en general un deporte considerado como propio para jóvenes, a pesar de que no seamos tan rápidos para encestar balones o meter goles. Para muchos ser padre representa lo que hemos grabado de figuras de autoridad en la familia. Desde esta posición, la manera de ver la vida y nuestro pensamiento, debe ser para muchos repetir esta conducta.
Se es padre cuando opinamos, aconsejamos, protegemos y actuamos según la tradición, y siempre que operamos con poder y seguridad. También cuando formulamos juicios, analizamos la información, reflexionamos, tomamos decisiones, calculamos las posibilidades y actuamos con pragmatismo y según el criterio de oportunidad.
Pero lo anterior no resta que evidenciemos, con algunos “años arriba”, la vivencia intensa de las emociones, la intuición, la creatividad, la impulsividad y la curiosidad. Entiéndase permitirnos sentir y aceptar el miedo, no prohibirnos la rabia, asumir la tristeza y la alegría en todas sus formas. El único límite será el respeto a los otros y a nuestro equilibrio personal.
Desarrollar la intuición, ese sexto sentido que parece tener tan poco que ver con la racionalidad. Ese olfato para captar los matices, para interpretar las situaciones y diseñar conductas; Dar rienda suelta a la creatividad, apartándonos de los cánones, de lo aprendido, de lo que nos lleva por carriles preestablecidos. Dibujar, pintar, modelar, cantar, tejer, tocar un instrumento, cultivar plantas o árboles, coleccionar, escribir; acceder a otros conocimientos, a opiniones y culturas diferentes;
Desde hace siglos, erróneamente se ha considerado que cuando somos adultos nos corresponde comportarnos exclusivamente como padre y adulto, arrinconando o, mejor, enterrando al niño que llevamos dentro. ¿Acaso no tenemos derecho a ser espontáneos, sinceros, alegres? Una vida emocional equilibrada y dentro de ella la reivindicación de, en el momento propicio, comportarnos como menores, aunque para ello debamos desoír algunas convenciones sociales, y nuestro, lamentablemente, muy desarrollado sentido del ridículo.
Ahora bien, antes hemos de concedernos a nosotros mismos el permiso de ser como sentimos. En suma, de ser felices, y disfrutar la vida, y de entenderla según nuestros propios criterios, recordando que sólo se vive una vez, y que merecemos la oportunidad de que este breve tránsito que es la existencia, se parezca lo más posible a lo que nosotros entendemos que debe ser. No desperdiciemos momentos para pasarlo bien. Hoy puede ser un gran día, no esperemos a mañana. ¿De acuerdo conmigo, mis compañeros de edad?
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
