Bolivia no requiere “salvadores” ni “iluminados”, sino gobernantes responsables, honestos y trasparentes, con profunda vocación de servicio a la Patria, en esta coyuntura de adversidad económica, generada en los últimos 20 años. Con un espíritu de transformación y objetivos bien planteados. Que trabajen, codo a codo, con productores y consumidores, con débiles y poderosos, sin distinción ni suspicacia alguna. El propósito es construir un futuro mejor, sobre la base de un esfuerzo mancomunado. ¡Basta de tomar al país como conejillo de indias!
Que no practiquen políticas ni métodos ajenos a la realidad nacional. Que no se conduzcan bajo el dictado de fuerzas externas. Ni emulen medidas que asumieron gobiernos autoritarios de la región. Que no permitan se distorsione la imagen, la identidad y la tradición, democrática del país, consolidada a partir de 1982. Que se propongan aglutinar a todas las fuerzas vivas, en defensa de los supremos intereses nacionales. Que no se inmiscuyan con los violentos que destruyeron y mataron. Que asuman una actitud propiamente nuestra, frente a las corrientes que pretenden conculcar la libertad, manipular la democracia y desbaratar el Estado de Derecho. Que rechacen al extremismo, tanto del interior como del exterior, que busca empujar a Bolivia al despeñadero fatal.
Estamos al borde del descalabro económico, por la ineficacia socialista. Con la moneda nacional que ha perdido poder adquisitivo. Con el hambre que ronda por los hogares más humildes. Con medicamentos que han duplicado sus precios. Con una canasta familiar inalcanzable. Con aguda escasez de combustibles. Con la desaparición del dólar. Con rentas irrisorias de los jubilados. Con sueldos y salarios que no cubren los requerimientos mensuales. Con el pan de batalla que sube de precio automáticamente. Con pobres que se han multiplicado y políticos que se han enriquecido. Con una población que hace malabarismos para sobrevivir.
De esta realidad tendrán que hacerse cargo los futuros gobernantes, quienes fueren. No obstante que la situación, se parece a una papa quemante. Un paso en falso, significaría fracaso. Lo que importa ahora es la suerte que correrá el país con el nuevo régimen. Ojalá tengamos días mejores, que nos permitan trabajar, producir y exportar, para lograr el anhelado desarrollo sostenible. Ellos tendrían que poner en práctica, por lo visto, todos sus proyectos, programas y estrategias, para salvar a Bolivia de su infortunio económico. Están conscientes, obviamente, de la crisis económica, que generaron los gobiernos de turno. No deberían caber solo los discursos, sino el afán de trabajar. Tampoco solo las promesas, sino los resultados. Tendrán que asumir medidas con sabiduría, inspirados en los supremos objetivos de la nación.
En suma: Bolivia, del bicentenario, requiere de gobernantes responsables, para avanzar en una coyuntura de desastre económico. Un hecho que ha empañado la imagen del país en el contexto regional.
Gobernantes responsables
Severo Cruz Selaez
- Advertisment -
