La actividad política en el Estado Plurinacional muestra en estos días características inusuales en todo su quebrado proceso de desarrollo. Se presenta una etapa con características únicas en la vida de Bolivia que son dignas de ser tomadas en cuenta, tanto en lo que se refiere al estudio de asuntos históricos, como de fenómenos sociológicos.
El caso se produce desde hace pocos meses, con motivo de las elecciones generales y el cambio de gobernantes. Pero muchos de éstos se creen propietarios del Palacio Quemado y afirman que de allí nunca saldrán. Veamos el asunto.
Después de estar gozando de las delicias del poder y después de haber sido expulsado del gobierno y del país, el expresidente cocalero, quiere volver a manejar las riendas del Estado Plurinacional y reiniciar la política de sus años de gobernante, la que, sin embargo, condujo a Bolivia a la crisis general que ahora se padece. Pero ese interés mezquino del cocalero se choca con un muro de cemento armado que es el descontento popular y que no le permite volver a ocupar la silla presidencial.
La situación se le presenta peliaguda y entonces, por su obstinación, comienza a hacer ofrecimientos incoherentes y, finalmente, lanza amenazas, todo para satisfacer lo que le pide el cuerpo, voluntarista como es. Primero, ofrece su figura “apolínea”, después muestra los colmillos… pero sin el resultado que espera. Fracasado, empieza a anunciar una escalada de hechos violentos, que van aumentando de intensidad. Esa táctica, pasa por realizar una marcha de sus adláteres desde Caracollo, pero que fracasa en medio camino. Enseguida amenaza con ocupar La Paz y tomar del Tribunal Supremo Electoral. Después ordena crear un estado convulsivo, que también fracasa.
Hoy estamos al borde de una guerra civil. Es que después de varios fracasos, decide intensificar la violencia y empieza la etapa de los bloqueos de caminos, atentando los iracundos bloqueadores contra las vidas de ciudadanos y policías, inclusive quemando una ambulancia, lo que causa protesta nacional. No siendo suficientes semejantes medidas de presión con asaltos, ataques violentos a ciudadanos, usando armas y dinamita, sembrando terror en ciudades y capitales, se ha llegado a agredir a médicos, enfermeras y hasta enfermos. La escalada de violencia no termina ahí, se intensifica en los más de 25 puntos de bloqueo en el país, lo cual muestra una ofensiva general para conseguir apoyo para los deseos presidenciales del caudillo cocalero.
Se confirma en los hechos que el evismo pasó de ofrecimientos engañosos a los ataques armados, esa estrategia del golpismo populista, ha ido sembrando luto y dolor. Pero, en forma concreta, la ofensiva está pasando a un estado de guerra civil, o sea la lucha armada entre sectores sociales. La contradicción se ha convertido en un antagonismo que solo se arregla por la violencia, en vísperas de la celebración por los doscientos años de la fundación de Bolivia.
