No cabe duda que, en el país, estamos atravesando por una preocupante crisis, en muchos órdenes, y en estas mismas páginas de EL DIARIO, lo dijimos el pasado año, pese a que las autoridades del gobierno negaron la misma, señalando la situación como un simple problema de temporal iliquidez de divisas, pero la situación ha ido deteriorándose como sucede en todo proceso de deterioro económico. Hoy la escasez de carburantes y de productos esenciales para la canasta alimenticia familiar, ha desatado una ola de protestas que amenazan la paz interna del país, a pocos meses de la consulta electoral a la ciudanía sobre la conformación de los poderes públicos.
El ciudadano argentino Sergio Berensztein ha escrito una nota de opinión en el periódico La Nación de Buenos Aires publicada el día 30 de mayo del presente año, con el título de: “La Crisis Boliviana Amenaza a la Seguridad Regional”, en la que hace un análisis del cuadro boliviano en especial en el orden económico y su influencia negativa en la seguridad de los países vecinos. Bolivia tiene fronteras con cinco países (Argentina, Chile, Perú, Brasil y Paraguay), con los que históricamente ha tenido relaciones conflictivas, con dos de ellos con guerras internacionales, lo que nos muestra lo delicado del momento actual.
La crisis boliviana es una crisis del Estado, pues no solo es la situación económica la que está en problemas, sino toda la estructura estatal, con instituciones que no cumplen sus fines señalados en la Constitución Política del Estado, que han perdido toda credibilidad de la población lo que nos acomoda en una situación de “anomia” jurídica, en la que las leyes y normas que regulan la vida ciudadana, de las instituciones, del aparato administrativo del Estado y de la todas las organizaciones de la sociedad civil, están a la deriva, pues no existe autoridad que haga cumplir las leyes y las cumpla.
La Seguridad y Defensa de los Estados, es una disciplina que alcanza a todas las instituciones públicas y privadas, y en consecuencia a todos los individuos, gobernantes y gobernados, y son las Fuerzas Armadas de cada nación, las encargadas de velar por su cumplimiento. Entre las situaciones que pueden afectar a esa seguridad, está la situación de los países vecinos, con los que fundamentalmente se comercia, el tránsito fronterizo es intenso y, por supuesto, la influencia de las interrelaciones es de primer orden, por ello en los pises vecinos se estudia con preocupación un cuadro de crisis como la que nos afecta.
Cuando en un Estado se produce un cuadro de caída institucional, como sucedió en Venezuela y algún otros país latinoamericano, se producen migraciones masivas que comienzan por allanar las fronteras vecinas, y miles o millones de individuos buscan refugio en procura de subsistir, el crimen organizado se apodera de las fronteras, e incluso influye en las decisiones de gobiernos débiles que ceden espacios de poder en territorio que éstos llegan a controlar, las interrelaciones de todo orden entre los países, se afectan en su curso normal y suelen provocar situaciones de conflicto diplomático.
El cuadro de crisis boliviano es preocupante, pues de una situación que era pintada de ejemplar, incluso para el mundo., al decir de los gobernantes, en breve tiempo se pasó de supuesto éxito a fracaso rotundo, lo que implica que se debe tomar medidas urgentes para enfrentar el cuadro. Pero estas medidas deben ser tomadas por un gobierno que goce de respaldo y credibilidad de la población, pues un fracaso de las mismas agudizaría el cuadro a niveles insostenibles, como sucedió ya en los años 1984-85 del pasado siglo, con la hiperinflación que pudo llegar al 25.000% si no se tomaban las medidas del Decreto Supremo 21.060 de agosto de ese año por el gobierno del presidente Víctor Paz Estenssoro.
Hoy el cuadro inflacionario está cercano al 10% del PIB, según el Gobierno y del 25% según analistas independientes, pero cualquiera sea el índice, los precios de todos los productos nacionales e importados han duplicado su precio de venta al consumidor, hasta en un 100%, lo que importa un empobrecimiento generalizado de toda la población, pues la pérdida de valor de la moneda nacional en relación a la divisa del dólar, ha superado el 150%.
La solución electoral de agosto próximo, podría ser una solución, siempre que el nuevo gobierno que emerja de las urnas tenga una mayoría tal que haga viable su mandato, más aún cuando debe afrontar la crisis con medidas poco agradables, pero muy necesarias. Sin embargo, queda el interrogante: ¿se podrá conformar un gobierno con respaldo suficiente de la población, que le dé legitimidad?
La respuesta está en el voto ciudadano, que mayoritariamente debe volcarse a un candidato posible y no ha candidaturas marginales, producto de la egolatría de salvadores alejados de la realidad nacional. Solo el voto consciente nos puede sacar de la crisis que afecta la Seguridad Nacional, y causa la preocupación de los países vecinos por su seguridad.
El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.
