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El pataleo en política

Severo Cruz Selaez

El pueblo boliviano ve de palco el pataleo de la izquierda, fragmentada, en esta coyuntura electoral, en varios grupos, liderados por diferentes personajes, que se desgajaron del tronco matriz que otrora se imponía. Algo similar ocurrió en los años sesenta del siglo pasado con el mayor partido, que protagonizó las históricas transformaciones socio-económicas y político-culturales. Se dispersó, por consiguiente, en una infinidad de grupos, bajo la conducción de militares, obreros, profesionales e intelectuales.
Intereses particulares provocaron el cataclismo en las filas de la izquierda y la tozudez de sus principales dirigentes contribuyó a ahuyentar a su gente. Hoy unos alientan la violencia, en busca de sus objetivos, político partidarios. Otros invocan el acatamiento de las disposiciones legales, y algunos dicen que estarían buscando la reunificación de dichos sectores en desbande, en un bloque afín. Una izquierda que impuso sus designios ideológicos desde 2006, asumiendo políticas de persecución y revanchismo. Encarcelando a quienes pensaban diferente. Despilfarrando los ingentes recursos del auge gasífero. Distanciándose de los empresarios privados, que generaban empleo digno y seguro. Y con el agotamiento de la riqueza hidrocarburífera, que nos legaron los gobiernos anteriores al 2006, han provocado los agudos problemas económicos que golpean duramente a la población boliviana.
Surgieron, con miras a las elecciones, algunos izquierdistas del oriente, del occidente y el trópico, radicales, quienes determinaron cerrar las principales carreteras del país, con la excusa de la elevación del costo de vida. El trasfondo fue otro. Es que politizaron la canasta familiar, las necesidades más elementales del movimiento popular y el hambre de las personas necesitadas. Mientras bloquearon caminos, la crisis económica tocó fondo. Fue un perjuicio para la actividad privada y pública. Movilizaciones que se han tornado políticas, violentas, y de ninguna manera fueron de reivindicación social.
Intereses mezquinos provocaron el fraccionamiento de la izquierda. Tratan ahora de reconciliarse, pero hay dificultades, inquietudes y visiones diversas, ambiciones personales, desmedidas. Figuras políticas, estigmatizadas como tránsfugas y oportunistas, asumieron actitudes irreconciliables, que se tradujeron en acusaciones, cuestionamientos e insultos, que deterioraron la imagen de sus principales protagonistas. Con candidatos propios, provenientes del occidente y el trópico. Unos con partido propio y otros con instrumento político prestado. En la sede de gobierno no hay el aspirante izquierdista a la presidencia, en El Alto sí y en el Chapare más de uno.
Una izquierda que detentó el Poder por casi 20 años y generó la crisis económica. Que acabó con la bonanza económica, cuyos recursos fueron dilapidados alegremente. La pobreza, jamás fue superada. Pero ante la inminente subida electoral de sus adversarios, son capaces de hacer las paces, olvidando agravios y restañando heridas, para conformar una sola fuerza. Nada es imposible en política. La cosa es perpetuarse en el poder.
En suma: la población boliviana espera mejores días y no la frustración que provocaron los izquierdistas.

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