El domingo 1 de junio, el canal de televisión Unitel difundió los resultados de la encuesta de Ipsos Ciesmori, que daba cuenta de que la oposición, por primera vez en por lo menos veinte años, está en la intención de voto por encima del Movimiento al Socialismo, en cualquiera de sus versiones. Los números son así: Doria Medina tiene 19.1%; Tuto, 18.4%; Andrónico, 14.2%; Manfred, 7.9%; Rodrigo Paz, 4.3%; Jhonny Fernández, 3.7%; Del Castillo, 2.3%; Copa Murga, 1.7%; Fidel Tejada, 1%; y Paulo Folster, 0.5%.
La encuesta es importante porque muestra una izquierda populista muy debilitada y, además, fragmentada en varios candidatos, si asumimos como izquierda populista a Andrónico, Jhonny Fernández, Del Castillo y Copa Murga, que son los que han reciclado el legado político de las gestiones de Evo Morales y Luis Arce Catacora. Teniendo en cuenta que el MAS fue durante varios procesos electorales un partido unido y relativamente cohesionado, la encuesta muestra una fragmentación parecida a la que sufrió el MNR luego de los años del periodo movimientista de la Revolución Nacional, también autoritario como el del Proceso de Cambio masista.
Sin embargo, las cosas en la vereda opuesta no están mucho mejor. Lo que podría vaga y ambiguamente llamarse la derecha está hoy dividido y sin un norte ideológico claro. Si bien es cierto que tanto Tuto como Doria Medina han presentado candidaturas más consistentes que las de los izquierdistas, son de todas maneras improvisadas y conformadas con los residuos de otros partidos, como Comunidad Ciudadana del expresidente Carlos Mesa o Creemos del gobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho.
Luego de la difusión de la encuesta de Ipsos, varios analistas críticos del régimen se entusiasmaron porque creyeron que el MAS ya está muerto o sin chances de ganar. No obstante, no se habló mucho de un dato importante. La encuesta dice que hay un 10% por ciento de voto indeciso, un 10.5% de voto nulo y un 6.5% de voto blanco. Así, puede decirse que hay un 27% de voto “oculto”, el cual puede ser efectivamente blanco o nulo, pero que también puede irse a uno u otro candidato en algún momento de la carrera electoral. En este sentido, se tiene que esa casi tercera parte del electorado puede hacer que las proyecciones exitistas de los analistas críticos del régimen sean totalmente erradas, como lo fueron en 2020.
Pues no se debe olvidar que algo así ocurrió antes de las elecciones de 2020. Pocas semanas antes de aquella elección, el mismo canal de televisión publicó una encuesta en la que había un gran porcentaje de voto “oculto”. Entonces algunos analistas batieron palmas y, con mucha ingenuidad y guiados por sus prejuicios, pensaron que aquel caudal de votos era de opositores, pero no fue así. Luis Arce Catacora, que tenía en la encuesta algo más del 30% de la intención de voto, terminó ganando (con fraude o sin él, eso no está en discusión ahora) con el 55%.
En este sentido, cabe alertar sobre las distorsiones que en la opinión pública opositora puede generar una encuesta, si no se la interpreta con cautela.
Nada está dicho y todo puede ocurrir
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