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Reflexiones sobre la batalla de Tacna

Oscar Espinosa García

II

 

Bolivia jugó su última carta en la batalla de Tacna para expulsar al ejército chileno, que había tomado por las armas el departamento del Litoral, junto con Perú que tenía ocupado su departamento de Tarapacá. Pero ambos países tenían que enfrentar a un ejército muy bien preparado. Bolivianos y peruanos combatieron con mucho valor, pero no pudieron con la superioridad del ejército chileno en hombres, armas y preparación militar. Los bolivianos que murieron en Tacna fueron tan héroes como Eduardo Abaroa, pensemos en los colegiales del regimiento Sucre, que renunciaron a una vida de bienestar y prosperidad que hubieran tenido en Sucre, con la riqueza de las familias a que pertenecían, para morir defendiendo al menos el honor de Bolivia.

La mujer boliviana estuvo presente en la batalla de Tacna. Después de la batalla, mujeres de pollera recorrían el campo de batalla buscando al esposo, a la pareja o al hijo, que no volvió a Tacna, algunas llevando una criatura en la espalda o llevando un niño de la mano. Cuando encontraban al que buscaban, caían de rodillas a su lado abatidas por el dolor. Era el compañero de vida al que habían seguido cargando víveres y ollas, para servirle de apoyo moral, cocinera y amante. El último servicio que le hacían era cavarle una tumba. También había madres que encontraban al hijo que había caído defendiendo a la patria.

Veamos el penoso camino que tuvo que recorrer el país para llegar a la batalla de Tacna, a la que nunca debía haber llegado.

Hacía el año 1842 comenzó la incursión de explotadores chilenos en el departamento del Litoral, junto con ocupaciones que hacía la armada chilena de territorio boliviano. El 20 de agosto de 1857, la corveta de guerra Esmeralda impuso el dominio de Chile hasta el paralelo 23, por encima de la bahía de Mejillones, donde se había descubierto enormes depósitos de guano. Durante el gobierno de José María Achá se produjo una disputa entre un contratista que respondía al Gobierno boliviano y otro que respondía al Gobierno chileno, por la explotación del guano de Mejillones. El contratista chileno fue apresado por el Gobierno boliviano. Como represalia el Gobierno chileno envió dos barcos de guerra, que ocuparon el puerto de Mejillones y tomaron posesión de los depósitos de guano. Ante estas acciones de guerra, el Congreso boliviano autorizó al Poder Ejecutivo para declarar la guerra a Chile. Para procurar un arreglo pacífico con el Gobierno de Chile, el Gobierno envió a Santiago a don Tomás Frías. El canciller chileno Manuel Tocornal, al final de las conversaciones declaró que “Chile no podía abstenerse de ejercer los actos propios de la soberanía en el territorio que posee”. Ante el fracaso de la misión, el Congreso boliviano desistió de declarar la guerra a Chile, por carecer de los medios materiales para sostener una guerra con un país de mayor poder bélico, pero sin renunciar al derecho que tenía sobre el territorio usurpado.

La decisión del presidente Mariano Melgarejo de integrar la alianza que Chile formó con Perú y Ecuador para defenderse de una flota española que estaba amenazando su independencia, hizo cambiar la actitud de Chile con respecto al conflicto de límites que tenía con Bolivia. En reconocimiento del apoyo y la amistad que Bolivia le daba, Chile le ofreció que “podía redactar el tratado de definición de fronteras en los términos que le dictase la conciencia de sus derechos territoriales, Chile lo aceptaría sin regateos”. El canciller chileno Vergara Albano propuso que “si Bolivia lo prefería, Chile estaba dispuesto a firmar el tratado de límites”. El canciller boliviano Mariano Muñoz respondió que “no queriendo quedar a menor altura de sentimientos, ello podía aplazarse”. En mayo de 1866 la flota española se retiró y volvió a España. Una vez que desapareció la amenaza, el gobierno chileno cambió su actitud con Bolivia, ya no estaba dispuesto a hacer concesiones gratuitas y a renunciar al guano de Mejillones.

Lo que sí obtuvo Bolivia es el tratado de límites de 1866, en el que se establecía que el límite entre los dos países era el paralelo 24 y que los beneficios del guano y los minerales que se encontraran entre los paralelos 23 y 25 se dividirían entre los dos países. Fundamentalmente se obligó a Chile a reconocer la soberanía de Bolivia sobre la península de Mejillones y el territorio al norte del paralelo 24.

El siguiente conflicto con Chile se produjo durante el gobierno de Agustín Morales, fue por la ubicación del yacimiento de plata que surgió en Caracoles. Según el gobierno chileno, el yacimiento estaba ubicado entre los paralelos 23 y 24, por lo que Chile tenía derecho a la mitad de los impuestos que eran cobrados, por la exportación de los minerales de Caracoles. El conflicto se arregló amigablemente, según instrucciones del presidente Morales de evitar “un conflicto que le diese a Chile pretexto para apoderarse de todo el Litoral boliviano”. Se firmó un protocolo que reiteraba el tratado de 1866, que fue aprobado por Congreso chileno y rechazado por el Congreso boliviano.

 

Oscar Espinosa García es ingeniero civil

Blog: HISTORIA, TRANSPORTES Y DESARROLLO

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