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Propaganda oficialista en tiempo de crisis

La mayoría de la población soporta estoicamente los efectos de la actual crisis económica, principalmente, la cual es evidente, por ejemplo, cuando se recorre los centros de abasto y se advierte que varios productos básicos, como alimentos, siguen subiendo de precio y algunos son escasos. Ni qué decir de los medicamentos, muchos de los cuales, al ser importados, cada vez son más caros, además de que faltan dólares para traerlos de otros países.
Tampoco se puede olvidar que la capacidad adquisitiva de la moneda nacional ha bajado a nivel alarmante, pues ahora solo se puede adquirir la mitad de lo que antes se podía comprar. El reciente y demagógico aumento salarial fijado por el gobierno con sus aliados de la COB, de ninguna manera servirá para recuperar el poder adquisitivo del boliviano, además que dicha medida favorece más a los empleados públicos, en vista de que, en el sector privado, cada vez son menos los empleos formales, por varios factores, como la falta de apoyo e inclusive la competencia desleal del gobierno, obsesionado con crear más empresas públicas, a pesar de que muchas de ellas son deficitarias.
Sin embargo y poco después de que se conociera la inicial decisión del presidente Luis Arce Catacora de terciar en las elecciones generales de agosto próximo, comenzaron a proliferar los anuncios dirigidos a hacer creer a la población que no hay crisis económica y que la falta de recursos económicos se debe a que sectores de oposición se dedican a obstaculizar la llegada de créditos externos. Al respecto, se repite hasta el cansancio que, en la Asamblea Legislativa, “evistas” y opositores no dan curso a dichos préstamos, con los cuales serían resueltos varios problemas.
Pero se omite que esos créditos implican pagos establecidos y que aumentará la deuda externa inevitablemente. Además, no hay certeza del buen uso de tales recursos, por falta de una rigurosa fiscalización y cuando ya ha comenzado la etapa electoral, que implica, en el fondo, favorecer a los adeptos al oficialismo, para asegurar sus votos y permitir que el MAS, de cualquier ala, se mantenga en el poder, como ha hecho notar la opinión pública.
Lo que llama la atención es que, a pesar de tantos problemas que agobian a millones de bolivianos –quienes no gozan de puestos públicos con elevados salarios–, sin rubor ha comenzado una intensa campaña arcista para convencer a la ciudadanía de que no existe la crisis económica, de que la “industrialización” es una fórmula casi mágica que hará que todo vuelva ser como en la época de bonanza, cuando había abundante gas para exportar.
Hoy, a pesar de la renuncia de Arce a su candidatura, la que no es aceptada por sus partidarios, se predica desde el oficialismo que el modelo económico productivo no es un fracaso, que varias empresas estatales son exitosas, que aumenta la venta de urea, que las RIN han aumentado, que la explotación del hierro del Mutún avanza sobre ruedas, que se compra más oro de la minería nacional, etc. Pero son verdades a medias, pues no hay una comprobación exhaustiva a cargo de organismos imparciales. Finalmente, esa supuesta mejora económica no llega a los bolsillos del verdadero pueblo necesitado.

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