Cuando el tolderío del MAS se hizo cargo del timón de la nave del Estado Plurinacional, en el año 2006, anunció que su objetivo político era “la construcción del socialismo” y que no dejaría el Palacio Quemado, que había pasado a ser su propiedad privada de por vida. Para asombrar más a la ciudadanía, aseguró que el procedimiento se sustentaba en la ideología populista, por la cual las comunidades indígenas del país serían la base de ese socialismo, sin pasar por la etapa capitalista.
La ciudadanía no se preocupó mucho por ese anuncio y paulatinamente el gobierno masista abandonó su proyecto, para dedicarse a un programa más interesante, que era derrochar el dinero recaudado en ingentes cantidades por la venta de gas, proliferando los casos de corrupción en burocracia estatal, pues no había fiscalización alguna. Es más, el entonces presidente Evo Morales declaraba “yo le meto nomás. Mis abogados arreglarán todo, para eso les pago”.
Mientras se ejecutaba ese “socialismo”, la economía y la política del país quedaron a la deriva y empezó la caída al fondo de abismo, terreno ideal para el anarquismo. En esa forma, varios gobiernos de Morales llevaron al país a la bancarrota. Se podría decir que “sembró nubes, para cosechar tempestades”. Es más, después de años de dilapidación de recursos económicos del Estado, estalló la crisis económica general y apareció su acompañante, el anarquismo, otro de los caballos del apocalipsis.
Efectivamente, han aparecido organismos de todo tipo, desde gremios hasta cooperativas y sindicatos, planteando lo inalcanzable e inclusive fuera de toda lógica. En recientes semanas, los anarquistas llenaron las calles, pidiendo cosas imposibles de aceptar, como pagos en dólares, que se les adjudique terrenos fiscales, que sean destituidas autoridades y su sustitución por otras de su preferencia, así como más facilidades para grupos de afines al oficialismo y muchas más.
Es decir que hacen demandas no solo económicas y políticas, sino que, inclusive, pueden no tardar en asumir el gobierno, para que todo derive en caos, que significa sin autoridad y hostil a todo poder. Ese movimiento de “organizaciones sociales” que apoyan al gobierno de turno, contrapone los intereses de la pequeña propiedad privada y la de los campesinos al progreso de la sociedad, apoyado en la gran producción. Es que la base filosófica del anarquismo es el individualismo, el subjetivismo, el voluntarismo, no va de más allá de las frases generales ante lo que no comprende. Además, niega las luchas políticas.
Los anarquistas propinan el aniquilamiento del Estado. Su interés es subjetivo y el más inmediato es el pragmatismo y utilitarismo. En suma, es posible decir que ese es el legado del “evismo” a los doscientos años del nacimiento de la República.
El anarquismo, legado del MAS a Bolivia
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