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«Un búnker digital»: la tecnología que protegerá el cónclave para elegir al nuevo papa

Desde 2005, el uso de teléfonos móviles por parte de los cardenales ha sido prohibido. Sin embargo, dos décadas después, las medidas de seguridad y privacidad se han vuelto aún más estrictas. Inhibidores de señal, vigilancia con inteligencia artificial y control satelital están blindando como nunca el cónclave que elegirá al nuevo papa tras la muerte de Francisco I. La Iglesia ha activado su protocolo más riguroso, apoyándose en las herramientas tecnológicas más avanzadas del siglo XXI.

El Vaticano ha implementado un sistema sin precedentes para garantizar el secreto del proceso en el que más de un centenar de cardenales decidirán quién será el próximo líder espiritual de la Iglesia católica. Esta elección se llevará a cabo aproximadamente 20 días después del fallecimiento del pontífice y está regida por normativas que imponen severas sanciones, incluyendo excomunión y prisión, en caso de filtraciones.

Las áreas donde residen y deliberan los cardenales están completamente aisladas del exterior mediante inhibidores de señal, que interfieren en las comunicaciones por radiofrecuencia y evitan que cualquier dispositivo se conecte o transmita información. Este entorno se convierte así en un «búnker digital», como lo describen en Wired.

Además del aislamiento electrónico, las autoridades vaticanas realizan inspecciones exhaustivas durante varios días para detectar micrófonos, cámaras ocultas o dispositivos espías. Cada asistente autorizado es sometido a registros rigurosos, y el acceso es controlado incluso para el personal administrativo. Aunque la posibilidad de introducir tecnología no autorizada es considerada remota, no se deja nada al azar.

Protección visual contra satélites

La vigilancia exterior también ha sido intensificada. Todas las ventanas han sido cubiertas con películas opacas para evitar que satélites o drones puedan capturar imágenes del interior. Las cámaras modernas son capaces de identificar rostros desde el espacio y, junto con inteligencia artificial, pueden interpretar movimientos de labios. Por esta razón, ni siquiera se permite a los cardenales asomarse al exterior durante su estancia en el cónclave.

Dentro de la ciudad-Estado, que abarca solo 0,44 kilómetros cuadrados, más de 650 cámaras están conectadas a un centro de control subterráneo que monitorea cada movimiento. El Cuerpo de Gendarmería y la Guardia Suiza Pontificia son responsables de la vigilancia. Aunque esta última mantiene sus uniformes tradicionales, sus miembros están entrenados militarmente y equipados con armamento de gran calibre.

Las medidas de seguridad también abarcan el ámbito digital e informativo. En una era marcada por la desinformación y la sobreexposición en redes sociales, el Vaticano no solo busca prevenir filtraciones de contenido visual o sonoro, sino también proteger la integridad del mensaje que el nuevo pontífice transmitirá tras su elección.

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